Se han cumplido dos meses del secuestro de tres ciudadanos españoles en Mauritania que formaban parte del grupo de cooperantes de la oenegé Acció Solidaria que transportaba ayuda humanitaria. El terremoto de Haití ha eclipsado la prioridad informativa sobre la noticia, pero lo cierto es que Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez continúan secuestrados por Al Qaeda; Albert, herido de bala en una pierna, y hasta el momento no hay ninguna noticia certera ni sobre su situación ni sobre las condiciones de rescate.

Todo parece indicar que las células del grupo terrorista que actúan en la zona tienen como cometido el secuestro de personas de procedencia europea con dos objetivos fundamentales: mantener vivo el espíritu de lucha de Jihad Islámica en su guerra con Occidente y utilizar los rescates de rehenes para intercambio de prisioneros u otras prebendas (especialmente económicas).

Al Qaeda notificó con claridad que los secuestrados estaban en su poder en algún lugar del Sahara (todo parece apuntar que al interior del desierto en Malí) y hace unos días mediante un video de dudosa fiabilidad notificaron algunas condiciones para el rescate o liberación de los secuestrados, al parecer la liberación de algunos presos islamistas de los atentados del 11M en Madrid, seguro que dinero que les ayude a mantener sus grupos operativos, y aprovecharán la dilación de las negociaciones para hacerse toda la propaganda posible tanto en Europa como en la zona, para afianzar el seguimiento de fieles a su grupo terrorista.

Nuestro gobierno no suelta prenda. Dice que hay que ser prudentes en estos temas, que se está investigando con el apoyo de las autoridades de Malí y Mauritania, y que nuestro presidente de turno europeo se verá, aprovechando su presencia en la cumbre de la Unión Europea con la Unión Africana, con los presidentes de la zona para relanzar el asunto.

Sea como fuere, en el caso se han demostrado varias cosas. En primer lugar, la ineficacia de nuestros servicios de inteligencia en el exterior, que dentro de las embajadas españolas no han resuelto el tema. En segundo lugar, nuestro ministro de Exteriores, que permanece oculto y siempre llamando a la prudencia, y por último, nuestro presidente, que ahora lo hemos pillado en una maraña de agenda europea de la que espera sacar partido y estos temas se le convierten en secundarios.

Bueno, pues aprovechar el triste cumplimiento de dos meses de secuestro para mantener el tema vivo y que no desaparezca de la opinión pública, pues tenemos a tres cooperantes secuestrados y que momento nadie sabe dónde están.

* Asesor de relaciones internacionales y cooperación y escritor