La reciente cumbre de Copenhague y el no menos tormentoso invierno que atravesamos no hacen más que avivar la discusión en foros sobre calentamiento global y el cambio climático. A la arena del debate sobre estos fenómenos climáticos suelen saltar individuos de muy diverso pelaje, si bien sus actitudes podrían agruparse en las cuatro categorías fundamentales que a continuación paso a comentar.

Negacionismo. Los negacionistas tienen un perfil político y sectario y una actitud muy firme. Opinan que los climatólogos se han unido en una conspiración para aterrar a la humanidad y facilitar el acceso al poder de un partido de izquierda y ecologista o el negocio de las energías alternativas. Ejemplos de estas mentalidades las tenemos en políticos como Vaklav Klaus, José María Aznar y Mariano Rajoy, y periodistas como Federico Jiménez-Losantos o Jorge Alcalde. Entre sus tesis está la idea de que la relación del calentamiento de la Tierra con la actividad humana es falsa. Para ellos, Kyoto sólo pretende más impuestos y más regulación de la economía.

Escepticismo. Los escépticos suelen ser científicos que recuerdan las limitaciones técnicas de los estudios sobre cambio climático; limitaciones que para ellos impiden hacer predicciones fiables. De hecho dudan de cualquier consenso a nivel científico. Sin embargo, los escépticos reniegan de los negacionistas y odian que estos usen de forma poco crítica los argumentos escépticos. Es interesante hacer notar que algunos escépticos, como Ronald Bailey o Richard Lindzen, han ido con el tiempo relajando su actitud crítica ante el reconocimiento de nuevas evidencias del calentamiento global.

Aceptación crítica. El colectivo que reconoce la existencia de un calentamiento global ligado a la actividad humana está formado por expertos climatólogos, y sus seguidores, que conocen de cerca la información científica relevante. Estos consideran muy probable que la Tierra experimente grandes cambios climáticos de consecuencias catastróficas para la vida. A este colectivo pertenecen científicos como James Hansen y James Lovelock. A sus tesis se suman políticos de izquierda y ecologistas moderados, sobre todo europeos, que son responsables en gran medida de los procesos que pretenden responder a estas amenazas a escala mundial. Hay una cita de James Hansen que ilustra con elocuencia la aceptación del calentamiento global: "Si la Humanidad quiere conservar el planeta como ahora, en el que la vida se ha adaptado y que ha permitido el desarrollo de nuestra civilización, entonces la concentración de anhídrido carbónico en la atmósfera debería estar por debajo de las 395 partes por millón".

Alarmismo. El otro extremo lo ocupan los alarmistas, la mayoría políticos o activistas de corte fundamentalista que, desde un sentimiento prácticamente religioso, hacen recuento de todo fenómeno natural catastrófico, del que hacen automáticamente una lectura en clave apocalíptica con grandes titulares como El fin de la Naturaleza .

Como científico, prefiero las actitudes escéptica o de aceptación crítica. Creo que son las que muestran más sentido común, y también creo que son las más útiles. Lo inteligente es mantenernos alerta, pendientes del cambio, procurando evitar la aceleración de cambios que nos impidan responder y adaptarnos con la suficiente rapidez. Pero también creo que además de todo esto tenemos que prepararnos para los cambios catastróficos que se avecinan. Porque, ya sean naturales o provocados por el hombre, es seguro que habrá cambios catastróficos en la Tierra.

* Profesor