Se cumplen hoy quince años de la declaración de gran parte del casco histórico de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, un título que hasta entonces solo poseía en nuestra ciudad la Mezquita-Catedral y que ha traído consigo la revitalización y realce de una vasta zona urbana que hasta entonces se encontraba amenazada por el deterioro y el despoblamiento. Quince años después, se puede afirmar que el reto que entonces supuso la consecución de un título por el que las instituciones cordobesas llevaban luchando desde 1981 ha dado como fruto la salvación del corazón de la ciudad, que ahora pide una nueva ambición para rentabilizarlo en todo su potencial. El estímulo y la consiguiente llamada a la responsabilidad que trajo consigo la declaración de la Unesco frenaron el deterioro de un conjunto que desde 1994 dejó de ser exclusivamente nuestro para adquirir una dimensión universal a la que la historia de Córdoba no es ajena. Pablo García Baena, el poeta cordobés más reconocido hoy en día, describía en 1994 en este mismo periódico la zona declarada Patrimonio de la Humanidad: "Calles abandonadas por la incuria o convertidas en bazar de baratijas". Afortunadamente, no se puede decir exactamente lo mismo quince años después.

Este aniversario también tiene sus luces y sus sombras. Ha sido mucha la exigencia e incluso el control que la declaración ha supuesto en estos años como texto protector de nuestro patrimonio, pero escasas las apuestas económicas de otros ámbitos que hayan ayudado a esta ciudad en el cumplimiento de ese compromiso. Como siempre ocurre, mucho más se podría haber hecho e invertido para no tener aún el camino a medio andar. No obstante, no se puede olvidar que, para llevar a buen término el reto y la responsabilidad que la declaración de la Unesco llevaba aparejada, las instituciones han desarrollado a lo largo de todos estos años y aún llevan a cabo una serie de actuaciones que han puesto en valor la importancia histórica, artística, científica, estética, etnológica y antropológica del casco histórico de la ciudad. Desde su ámbito o en colaboración interinstitucional, se han ejecutado una larga serie de proyectos que han puesto en valor la zona más histórica de nuestra ciudad: desde el actual PGOU al Plan Especial de Protección del Casco Histórico, pasando por los planes de Accesibilidad, Excelencia Turística y Urban, o los planes especiales del Río --sin concluir--, de Alcázar-Caballerizas --en fase inicial-- o de Infraestructuras Culturales --en desarrollo--, sin olvidar la fundamental actuación de la Junta de Andalucía en el eje monumental, que ha puesto en valor monumentos señeros de esta zona de la ciudad, pese a la polémica actuación en el Puente Romano.

Quince años después de la declaración, Córdoba tiene pendiente culminar su marchamo de Patrimonio de la Humanidad con dos aspiraciones especialmente significativas para el horizonte del 2016, los reconocimientos al yacimiento arqueológico de Medina Azahara y a los patios cordobeses.