Si uno tiene la "desgracia" de apellidarse Rodríguez ha caído en desgracia para el personal aduanero en los Estados Unidos. Por el mero hecho de tener por identidad un "first name" común te retienen largas horas en dotaciones del aeropuerto como si hubieses robado los Fondos de Reserva Federal. Sin embargo, si te apellidas Salahi y le echas un poco de morro, hasta puedes compartir mesa y mantel con los invitados a una cena oficial de los Obama. Curiosa aplicación de la seguridad.