Basta con que el peligro enseñe la punta de las orejas para que sintamos miedo y pensemos que quién nos mandaría habernos aventurado en lo desconocido. Por muy malo que fuera el pasado, un presente turbulento y un futuro incierto nos hacen mirar atrás con nostalgia. Esa reacción automática de miedo, unida al hecho también cierto de la existencia de un mecanismo fisiológico que permite a la mente borrar selectivamente de la memoria los recuerdos negativos, tiene como consecuencia inevitable que a veces busquemos consuelo contemplando el pasado, incluso cualquier pasado, con nostalgia.

Así se entiende el resultado de las encuestas que periódicamente se suceden sobre la percepción que los alemanes tienen sobre la caída del muro de Berlín. Todavía hoy uno de cada siete alemanes preferirían que volviera a levantarse el Muro de Berlín, cuando ya han pasado veinte años desde que cayera aquella ominosa barrera de alambradas y hormigón que dividió Alemania durante la Guerra Fría.

Los resultados de uno de los últimos sondeos, publicados tan sólo hace unos días, reflejan las impresiones de los alemanes sobre la unificación, considerada por los ciudadanos del Oeste como la causa de la pérdida de su poder adquisitivo y de su envidiable calidad de vida. La encuesta revela que muchos ciudadanos de la parte occidental están descontentos por los elevados impuestos que soportan para sufragar los gastos de reconstrucción de la antigua Alemania del Este, que ha recibido un total de 1,2 billones de euros en fondos del Estado en los últimos veinte años. De ahí que un 16% de quienes desean la vuelta del Muro pertenezcan al lado occidental frente al 10% que son del oriental. Por su parte, la zona más cercana a la Europa del Este sufre un acusado nivel de desempleo que ha provocado la emigración de al menos dos millones de alemanes desde 1990.

El Muro de Berlín fue derribado el 9 de noviembre de 1989, lo que permitió la unificación de la prosoviética República Democrática Alemana con la República Federal el 3 de octubre de 1990. Pero los miles de millones de euros que se han destinado a la reconstrucción de la ex República Democrática, más pobre que el oeste, no han surtido el efecto deseado en las regiones más deprimidas, donde el desempleo es galopante al tiempo que se produce un continuo descenso demográfico. Los alemanes del Este tienen la percepción de que el Oeste ha llevado la unificación como si fuera un proceso de colonización, mientras que muchos alemanes occidentales tienen el concepto de que los orientales tienden al victimismo.

La nostalgia del muro es un ejemplo de todos esos muros que construimos o nos construyen con el propósito de protegernos , pero que en realidad acaban por encerrarnos y aislarnos de la realidad del mundo, del ímpetu inapelable que es la vida, frente a la cual ningún muro es lo suficientemente fuerte y duradero. Nuestros nostálgicos están sacando pecho frente a los procesos en los que nos hemos embarcado estos últimos años: uno, más trascendente, de recomposición o revertebración de una España descoyuntada; y otro, más sentimental pero igual de irritante, de devolución de la dignidad a los perdedores de la Guerra Civil y a los que nos sentimos herederos de ellos. A los nostálgicos les diría que todos los muros terminan por desmoronarse. También el muro de la nostalgia. Sólo es cuestión de tiempo.

* Profesor