Ahora --y desde hace tiempo--, España partida en dos. De un lado, Zapatero, Leire Pajín, Fernández de la Vega, Pepiño Blanco, Partido Socialista, Izquierda Unida, republicanos catalanes, feministas radicales, etc. Hasta el católico Pepiño Blanco acaba de llamar hipócritas a todos los que se oponen al nuevo proyecto de la ley de plazos. Ahora, vía libre para que las niñas menores de edad aborten sin que los padres pinten nada. Ahora, vía libre para que la píldora del día después se compre sin prescripción médica. Y dice Fernández de la Vega que esa reforma responde a la situación real de España. En esas estamos y a punto de que la discutida ley entre en el Parlamento, si es que no ha entrado cuando vea la luz este comentario.

Decía que España, partida en dos. Y no sin razón. Frente al Gobierno, frente a todos los colectivos proabortistas, está --formando un bloque sin fisuras-- el Partido Popular. Están muchísimos colectivos de todo tipo, que desde la fe y la moral católica, o simplemente desde la razón y la ética natural, se oponen frontalmente a esa reforma de la ley, nacida en 1985 con los tres famosos casos: violación, malformación del feto, peligro físico o psíquico para la vida de la madre. Y como expresión plástica de ese rechazo, la manifestación convocada para el día 17 de octubre en Madrid. Una manifestación a la que se esperan asistan más de un millón de personas. Una manifestación que la Iglesia no ha convocado, pero que incuestionablemente respalda, como no podía ser menos.

¿Y qué pasará después? ¿Influirá el peso de esos colectivos en el debate parlamentario? Sinceramente, lo dificulto. El Gobierno --hasta hoy-- no había cedido un ápice de sus propósitos. No ha dado un solo paso para consensuar ni con la oposición ni con nadie. Ni siquiera con los fiscales, ni con el Poder Judicial, ni en parte con el Consejo de Estado, que aconsejaba cambios en cuanto a los plazos y el papel de los padres. Ni siquiera en eso. Pero no está dicha la última palabra. No lo está. ¿Qué votará CiU? ¿Qué el PNV? ¿Qué Coalición Canaria? E incluso más. ¿Muchos socialistas con la moral católica? O con Dios o con el César. ¿Perderá, otra vez, Dios la batalla?

Pero en esa guerra ¿quién pierde? ¿Dios o el hombre? Un aborto libre y directamente provocado es la supresión radical de un ser humano. Es una agresión contra el ser más indefenso, contra el nascituro que tiene derecho a la vida, a ser protegido desde su concepción. No caben componendas. El aborto no es un derecho de la mujer. Es legitimar la muerte de un inocente.

En esa defensa del no nacido no caben componendas. Aunque esté legalizado en casi toda Europa. Dos mil años legalizó la esclavitud. Algún día reconocerá su inmenso error en eso del aborto. Puede que el Parlamento suavice algo el proyecto. Pero aún así irá al Constitucional de cabeza. Ciento doce mil abortos hubo hace dos años. Un triste récord. Con la nueva ley habrá más de ciento cincuenta mil. Si eso es progreso, que venga Dios y lo vea.

* Sacerdote