Recordado y querido Joaquín: afirmaba el periodista amigo Manuel Fernández, en uno de sus "Posible SPAM", que amanecer en agosto sin la obligación del trabajo provoca dispares sensaciones. Y debe ser verdad. Muchos poco creamos sin la marca que llevamos prendida durante el resto del año. Por ello, el mes ofrecido al emperador Octaviano en alguna medida lo utilizamos para el trabajo, ya que estuvo presente en no pocas actividades nuestras, cuando la ciudad dejaba de existir para otros muchos. Tú, por ejemplo, apenas descansabas y jamás empleabas la holganza al uso de la clase política, siempre atento a las demandas de los cordobeses, a quienes con dignidad representabas en la Cámara Alta. Por ello, para mí, se ha convertido en un tiempo de actividad permanente y, cómo no, de obligada cita para el recuerdo de tu meritoria labor no sólo como político, sino como la persona querida que eres aún para muchos. Ultimamente hablo poco de Córdoba, tal vez, por no desear el desasosiego que me produce cuanto conlleva su propio nombre, si bien sabes que lo hago de ti siempre que puedo. A diario, me embarga tu memoria o las opiniones acerca de lo que habrías dicho en diferentes foros y asuntos. De algunos, parece que te escucho lo que con genialidad habrías aclarado acerca de ellos, estoy seguro de poder interpretar bastantes de tus aseveraciones; de otras, tal vez no, pero aún así me arriesgaría a expresar algo de tu veraz parecer. Te habrías ocupado, entre otras, por emitir una opinión certera de los acontecimientos políticos acaecidos en los últimos meses al Gobierno de ZP y de cómo aborda la actual crisis económica, por el cambio en la Alcaldía de nuestra ciudad, por el nombramiento de la tan querida amiga Rosa Aguilar como consejera de la Junta o por el ascenso y sus claves del compañero Pepe Griñán a la más alta magistratura en la referida institución andaluza, la que, por cierto, queda aún por valorar tu trayectoria, cuando ni tan siquiera te nombró como hijo predilecto de Andalucía, a la que tanto aportastes para que a ella llegaran las libertades. Habrías hablado en su 50 aniversario de la lacra social de ETA, de la "red Gürtel" y las corruptelas asociadas al PP, como en su día lo hicieras desde IS denunciando la de tus compañeros de partido. También de la situación de la justicia en España, del futuro del socialismo en Europa y en el mundo entero, de los Derechos Humanos, de los inmigrantes y de quienes no tienen voz para dársela tú o de un sinfín de temas más, locales o no, o bien de tus perseverantes reivindicaciones sobre el patrimonio cultural de tan bravía urbe como la nuestra, a la que retorna el viejo cantar popular de las 300 tabernas, entre antiguas y modernas, y una sola librería. A buen seguro que habrías llorado con nosotros y como el respetado Paco Solano Márquez por la desaparición del buque insignia de los libreros cordobeses, donde en su día el buen hacer de Paco Liso, de Rafael y Antonio Osuna, Manolo Reyes y de tantos más que por allí pasaron desde 1919, quienes de la mano de la viuda o de Rogelio y Antonio Luque, supieron acercarnos dispares ejemplares a varias generaciones de cordobeses. Porque tú, mi entrañable amigo, ante todo eras un intelectual comprometido con el libro, que con pasión devorabas en la neogótica Biblioteca del Senado y que, como dijera el presidente Juan José Lucas, vibrabas con la cultura en todas sus manifestaciones: teatro, cine, protección de artistas, intérpretes o productores, preocupación que te llevó a destacar en la Comisión Especial de contenidos televisivos, como recuerdo del buen hacer a tu paso por la institución, cosa que se apreció igualmente en la de Peticiones, de Relaciones con el Defensor del Pueblo y de los Derechos Humanos o en la Convención por los Derechos del Niño, por no citar tu apego por los temas de América y Europa u otros de carácter internacional, que con asiduidad y pasión debatías en la Comisión de Asuntos Exteriores. Durante seis legislaturas, con personalidad propia, un espacio inconfundible en el Senado ocupó tu nombre, bien enlazado con la mejor tradición parlamentaria. Y al llegar hasta allí, ya eras alguien de relieve en el panorama nacional, proyectando en la Cámara Alta tus experiencias, no solo como abogado de prestigio, sino como hombre relevante de la cultura de una Andalucía que tú mismo sentías desigual. De ahí, la rebeldía que tanto expresabas hasta aquel tórrido 10 de agosto, del que ahora se cumplen nueve años, ya sin tu saber en libertad con todos nosotros, tus conciudadanos, familia y amigos del Instituto Olof Palme-Centro J.M. Björkman de Estudios Políticos, Económicos y Culturales, quienes junto a Rafi, tu amada esposa, jamás te olvidamos.

* Catedrático