El caso Gürtel , la trama de corrupción relacionada con el PP, se cobró ayer la pieza más importante con la dimisión del tesorero Luis Bárcenas, que sigue de senador. Reacio desde el principio a presentar su renuncia, Bárcenas ha cedido a las presiones dentro del PP para que abandonara y lo ha hecho solo unos días antes de que previsiblemente el Tribunal Supremo pida al Senado la preceptiva autorización (el suplicatorio) para imputarle definitivamente por cohecho y delito fiscal. Ahora es un imputado provisional, acusado de haber cobrado más de un millón de euros de la trama. Bárcenas había anunciado que solo dimitiría de forma "transitoria" cuando el Supremo pidiera el suplicatorio. Se ha adelantado unos días, pero ha logrado de Rajoy que el PP tilde esa renuncia de "transitoria", como una forma de decir que el partido cree en la inocencia del tesorero. Es una última concesión de Rajoy, que lo nombró tesorero, su único defensor entre los dirigentes de un partido que pedían en privado --y muchos en público-- su dimisión. Todo indica que la felicidad de Bárcenas y su afirmación, tras declarar el día 22 en el Supremo, de que había demostrado su inocencia, se desmoronan. Con el agravante de que intentó relacionar a un empresario con el apelativo de "Luis, el Cabrón" con el que se refería a él la trama corrupta. Tras muchos esfuerzos, el PP suelta lastre, pero, si Bárcenas es procesado y condenado, será imposible desligar al partido de este revés en el corazón --la tesorería-- de la formación política.