No voy a hablar de toros, pero diré que hay dos formas de torear. Una, desde la barra de un bar. La otra, delante del bicho.

Y es que después de las elecciones europeas estoy asistiendo a unas tertulias taurino-políticas demenciales. El enemigo es siempre el mismo: la crisis, un morlaco con sentido, mala idea, que ha visto capote y va directamente al cuerpo. Y digan lo que digan, con un animal así, lidie quien lidie, solo se puede perder. Por eso Aznar, toreando de salón, puede decir, como ha dicho, que él solo se encerraría con seis toros, sin banderilleros ni mozo de espada, y que sería capaz de cortarle las orejas a la crisis de España, a la crisis mundial y a la madre que parió la crisis. Rajoy, más respetuoso con la afición, se ofrece a hacer un quite, pero todos sabemos que este toro se lo deja al PSOE para que lo lidie. De hecho, lo que mejor le vendría al PSOE es que esta corrida de la crisis la toree entera el PP, porque, como he dicho, ahora mismo el que tiene la muleta es el que perderá.

Curiosamente, a nivel local, y como aquí siempre se torea de otra forma, casi podría decirse lo contrario. El PP está crecido, tiene el favor de la plaza con todos los votos que ha sacado en las europeas mientras que el anterior califa político, IU, está a punto de cortarse la coleta. Sin embargo, el PP parece no querer darle tiempo al tiempo. Aunque todo apunta a que el futuro es suyo, no parecen enterarse de que ésta aún no es su Feria, que ahora solo le toca dos tardes en los carteles. Pero claro, tiene a toda la cuadrilla preparada para el desafío, con tantas ganas que pierden los nervios saltando de espontáneos haga lo que haga el gobierno local. Y quizás eso pueda perjudicarle. Hay muchas figuras que se han perdido por demostrar demasiada ansiedad.