Córdoba acoge estos días el primer Foro Internacional sobre Diversidad e Interculturalidad, en el que un centenar de profesores, diplomáticos, investigadores, representantes institucionales y especialistas españoles y de otros muchos países debaten sobre la convivencia y las herramientas que hacen posible estrechar lazos entre los pueblos. Y, al decir de los intervinientes en la sesión inaugural, es la interculturalidad la herramienta que sirve para dar respuesta a los desafíos de este siglo XXI.

No hay mejor sitio para celebrar un encuentro de este tipo que Córdoba, referente histórico de convivencia de las culturas cristiana, musulmana y judía. Y no cabe sino saludar con reconocimiento esta iniciativa porque no deja de ser un leit motiv de la candidatura a la capitalidad cultural en el 2016. En este sentido, los nombres de prestigio de los participantes en este foro pueden difundir con propiedad y eficiencia el sello que Córdoba quiere ofrecer en Europa.

En la primera sesión de este encuentro se ha hecho hincapié en la interculturalidad como corazón de la Alianza de Civilizaciones, en el protagonismo del individuo y de las ciudades, y en la creciente importancia de culturas como la asiática y la judía.

Foros como este suponen una pequeña siembra que requiere continuidad y amplitud. No pueden ser una excepción, sino una estrategia a corto plazo que marque el hilo conductor de la apuesta por el 2016.