En el mundo, incluso dirigiéndolo, dominan y abundan los mediocres. El mismo planeta se encuentra situado dentro del sistema solar en una posición mediocre, en un entorno tibio, ni excesivamente alejado del sol en la región de los gases perniciosos y el profundo frío, ni demasiado próximo al astro rey donde se ubican los cuerpos sólidos que giran soportando infernarles ambientes.

Salvo contadas excepciones la mediocridad es lo predominante así como sus derivadas institucionales. Jefes y dirigentes mediocres triunfan cuanto mejor ocultan el hecho de su mediocridad, engañando y mintiendo, que en ese arte son excelentísimos maestros. Mas la mediocridad siempre se presenta de la mano de la imperfección o de la improvisación, hermana gemela de la chapuza, que al ser ignorada por la generalidad, o estoicamente soportada por la resignada sociedad, acaba glorificando con laudos al encumbrado de marras. Como decía Somerset Maugham , solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento. Los pocos que se salen de esta regla, tanto por exceso como por defecto, poco o nada influyen en el devenir de la realidad ni en sus íntimas mutaciones. Y si acaso lo consiguen lo hacen a posteriori, una vez desaparecidos. Cierto es que para que triunfe una idea, o para vencer en una contienda dialéctica de cualquier alcance, los mediocres, necesariamente, tienen que hacerse entender, y no con discursos o mensajes veraces y reales, sino con los que les son propios, demagógicos, falsos y mediocres.

* Licenciado en Derecho