Tenía dos grandes anhelos, a una edad en que los retos personales no suelen pasar de la ensoñación, y los dos los ha visto cumplidos en pocos días. Deseaba ser abuela --aunque, tan coqueta y pinturera, cuesta imaginarla ejerciendo como tal-- y su hija Alba acaba de traer al mundo a María , la niña de sus ojos. Lo que no podía imaginarse Mercedes Valverde es que su nieta vendría con un pan debajo del brazo para ella --que, la verdad sea dicha, hambre no es que pase-- en forma de sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia Andaluz. Por el fallo de la alta instancia judicial se ha sabido algo que casi todos menos ella y el Ayuntamiento ignoraban, y es que la directora de los Museos Municipales de Córdoba llevaba diez años ocupando la plaza de forma interina. Y que lo hacía por culpa de una cadena de vicisitudes administrativas en plan proceso kafkiano. Porque, hace casi veinte años, el tribunal de la oposición con la que esta especialista en Historia del Arte aspiraba a ocupar el puesto en propiedad decidió mandarla de vuelta a su casa y lo hizo, según el dictamen del TSJA, "con voluntad adversa y contraria a la opositora", a la que evaluó con "rigor extremo".

Pero esta dama de mano de hierro en guante de seda no se estuvo quieta y, sin perder la sonrisa ni despeinarse, aceptó luego la plaza provisional vacante mientras ponía el caso en manos del abogado y ex ministro Manuel Clavero Arévalo. Y el letrado sevillano, tan perseverante como esta experta en Julio Romero y académica numeraria, ha logrado que tanto el tribunal como el Ayuntamiento --que confirmó por silencio administrativo la decisión de los examinadores-- sean acusados de "desviación de poder" y se le reconozcan a ella sus derechos. Una buena batallita que contar a su nieta.