Ni se sabe quién manda en el PP: si Mariano Rajoy , si Esperanza Aguirre , o el jefe de los espías que se introduce en su propio dormitorio para observar si por las rendijas del sueño de su cónyuge se puede atisbar una traición. Madrid es mucho Madrid, antes rompeolas de las Españas múltiples, ahora génesis y antigénesis del PP. Nadie aclara quién espía a quién y por qué se espía, como si fuera cosa de Sinibaldo de Más , de quien oí decir a Juan Perucho . En tenebras latentes de sospechas anda la villa y corte regida por Gallardón , el más espiado de todos a través de segundos o terceros interpuestos. Allí, en Madrid, todo lo ligado al PP y a las escuchas y cámaras de vigilancia tiene celos del aire que penetra entre las cortinillas de los despachos desde donde se gobierna o antigobierna la España de cerrado y sacristía de los tiempos de Machado , hoy abierta a las conspiraciones de estilo vaticano de algunos de los más ilustres purpurados de la derecha española. Ahora no se vigila a los contumaces enemigos de España sino a los enemigos íntimos. Gran cosecha para el dibujante Vañó , que urdía contubernios de tebeo. O para Roberto Alcázar y Pedrín , detectives muy privados de nuestra caducada unidad de destino en lo universal de aquellos tiempos de mi infancia en los que yo mismo quise ser espía. ¡Tiempos aquellos y no estos tan alevosos en los que los espías, en vez de conspirar contra la España de los buenos, conspiran contra ellos mismos! Y, por lo que parece, a esta conspiración cortesana y parapolicial cada día le brotan nuevos índices de sospecha a la primera regla que es de cumplimiento obligado para los espías, y que no es otra que la discreción. A ver quién averigua lo que pasa en Madrid y quiénes son esas personas que con disimulo y secreto observan lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo. ¿Quién está detrás de Mortadelo y Filemón y sus chapuzas, moviéndose en el subsuelo de la política del PP de Madrid? Buen argumento para Graham Greene , sabueso narrativo de su Majestad Británica, novelador de la guerra fría, que nos representó en el tercer y el cuarto hombre no a unos seres indiscretos y evasivos sino a gente corriente de la calle, con nómina y familia como cualquiera de nosotros. Con todo, lo más chocante del caso de Madrid es que salgan a dar una rueda de prensa conjunta el supuesto jefe de los espías y uno de los supuestos espíados. Como si la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, en vez de ser un mismo ser fueran dos seres antagónicos e incompatibles comiendo todos los días en el mismo plato y proyectando para los buenos españoles que votan al PP el mismo proyecto de porvenir político. Para mí que alguien le está moviendo la silla a Gallardón y de paso la silla de Rajoy. No será doña Esperanza Aguirre, por supuesto. Ella niega la mayor, faltaría más. En las reglas del juego de los espías nunca nadie está detrás, aparentemente.

El caso es que en que en los engranajes ocultos del poder en Madrid alguien está jugando con las cartas marcadas (¿Cajamadrid?), como en la crisis del Watergate. Y eso no está nada bien. Sobre todo si se está utilizando como arma política con el riesgo de causar estragos no solo en el PP sino en la democracia (o lo que sea) española. Si es que no es esta una historia de agentes dobles al servicio de la misma causa. ¡Lo que hay que urdir para conservar el poder o para obtenerlo! A costa, claro, del dinero público.

* Poeta