Opinión
El puente de abbas ibn firnas
He quedado gratamente sorprendida al enterarme de que un nuevo puente que se está construyendo sobre el río Guadalquivir en la ciudad de Córdoba, cerca de su aeropuerto, lleva el nombre de Abbás Ibn Firnás , y no porque este personaje no reúna cualidades meritorias para ello, sino porque mientras que ese incuestionable reconocimiento había surgido solamente en el mundo árabe --como en Bagdad, donde se ha puesto su nombre a una zona entera del aeropuerto internacional--, la ciudad de Córdoba, donde vivió, llevó a cabo toda su aportación intelectual y realizó sus inventos, aún no se había acordado de él.
El nombre completo de nuestro personaje es Abu-l-Qásim Abbás b. Firnás b. Wardás. Nació en el seno de una familia beréber adscrita a la clientela de los omeyas de Córdoba y era oriundo de la ciudad de Ronda (Málaga). No se sabe con exactitud la fecha de su nacimiento, pero las fuentes afirman que consiguió, con su agudo talento y desde edad muy temprana, un puesto entre los poetas astrólogos de la corte de los omeyas de Córdoba durante los reinados de al-Hakam I (796- 822), Abd al-Rahman I (822- 852) y Muhammad I (852- 886). Murió en el año 887 en la ciudad de Córdoba, a una edad de algo más de ochenta años.
Fue un personaje polifacético que mereció el título de Hakim al-Andalus (el Sabio de al-Andalus) por la variedad de sus conocimientos en las ciencias de su época.
Sin duda, lo más destacable de su curiosa figura es la construcción de un artefacto para volar, objetivo que consiguió, según algunas fuentes árabes que no nos proporcionan ningún dato científico del diseño del artefacto ni de sus técnicas. Simplemente hacen una descripción externa del mismo. Cuentan que Ibn Firnás se cubrió el cuerpo con una pieza de seda revestida de plumas, se adaptó dos alas como las de los pájaros y se echó a volar desde la Ruzafa de Córdoba; logró permanecer en el aire cierto tiempo y recorrió alguna distancia, pero al tomar tierra no acertó a maniobrar adecuadamente y cayó violentamente al suelo, lastimándose el trasero, porque no había advertido que los pájaros, al posarse, se valen de su cola y él no se la había fabricado. Sea lo que fuera, el hecho es que consiguió --al menos durante un corto espacio de tiempo-- su objetivo de volar, pudiendo ser considerado precursor del monje Eilmer de Malmesburyen en Inglaterra (s.XI), Leonardo da Vinci (s.XV) y los hermanos Orville y Wilbur Wright , que realizaron su primer intento de volar en 1903.
Además de esta singular aportación a la historia, según las fuentes, también fue pionero en sus aportaciones a las técnicas de fabricación del cristal en el Occidente islámico, de la talla tanto del vidrio como del cristal de roca. Del interés de Ibn Firnás por la ciencia, es una muestra, en tiempos del emir Abd al-Rahmán II, la introducción de las tablas astronómicas de Sindhind con el cálculo de las posiciones verdaderas del Sol, la Luna y los planetas y cálculos de conjunciones y eclipses.
Gracias a sus conocimientos de matemáticas, física, astronomía y astrología, construyó, para el emir Muhammad I, una esfera armilar. Es la primera referencia conocida en al-Andalus a este tipo de instrumentos, que permitía conocer las horas de las oraciones canónicas en ausencia del sol y las estrellas.
Otro de los inventos de Ibn Firnás fue el instalar en su propia casa una especie de bóveda celeste, con efectos de estrellas, nubes, rayos, truenos y relámpagos. Se podría pensar que era una especie, o un antecedente, de planetarium moderno. Esto demuestra su ingenio y capacidad creativa, tanto en sus ideas como en la realización de las mismas.
Practicó también la magia blanca y la alquimia y fue hábil en los juegos de prestidigitación. Sus prácticas mágicas le hicieron sospechoso para los elementos ortodoxos musulmanes, que pusieron en duda la sinceridad de su fe ante el juez mayor, Sulaymán b. Aswad . Este consultó con los alfaquíes sobre el caso y, al no encontrar nada de qué acusarle, declaró inocente a Ibn Firnás; lo cual refleja el ambiente de apertura cultural que reinaba en la Córdoba de aquel entonces, mientras que en Europa se perseguía y condenaba a los que practicaban semejantes actividades.
No hay que olvidar sus aportaciones en el campo de las letras y filología, como el descifrar y dar a conocer en al-Andalus la obra del famoso filólogo oriental y maestro de la escuela de Basora al-Jalil b. Ahmad (m. 791), Kitab al-´Arud (El libro de la métrica) , desconocido en al-Andalus hasta que cayó en manos de Ibn Firnás.
Fue también un conocido poeta, cuyos textos están esparcidos por las fuentes. Además, era músico, tocaba el laúd y cantaba acompañándose de él. Esto aparte de su calidad de filósofo y conocedor de las ciencias griegas y orientales.
Por todo ello, considero que debo felicitar a quien quiera que haya tenido la sensibilidad de recuperar para la ciudad de Córdoba el nombre de Abbás Ibn Firnás.
* Profesora de Arabe de la UCO
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