La II República llegó con el planteamiento de resolver cuantos problemas diferenciales había en España. De cualquier modo, el compromiso de tratar en las Constituyentes de 1931 el proyecto autonómico de Cataluña, en modo alguno prejuzgaba la decisión de que se fuera a adoptar su autonomía plena. Las Cortes se encontrarían en la necesidad de averiguar alguna fórmula para que las regiones se pudiesen integrar en el nuevo Estado. Como novedad, se reconocía el derecho a solicitar estatutos de autonomía, lo que vendría a solucionar el problema creado por la proclamación de la República Catalana, en el contexto de un Estado federal. Es obvio que el nuevo régimen con su política territorial vendría a satisfacer viejas apetencias y tras unos meses de incertidumbre, la autonomía de Cataluña apareció como patrimonio de la izquierda de aquel país. De esa manera, se huiría del modelo de Estado unitario, más propio de la España de la Restauración, pero también del federal que se trató de implantar con la fallida experiencia republicana de la anterior centuria. Sin duda, el problema regional y de manera más concreta la cuestión catalana fue uno de los que más disgustos y preocupaciones dieron a la comisión constitucional. El artículo primero de la Carta Magna originó un encendido debate, al ver muchos amenazada la unidad nacional. Fue satisfecho por Alcalá- Zamora , al introducir el concepto de Estado integral, quedando así saldados los de soberanía nacional y de Estado central, compartido ahora con las autonomías.

En la febril primavera de 1932, llegaba a Madrid un Estatut que de forma unilateral rompía el modelo constitucional de reciente acuerdo. El texto entendía que aquel país era un Estado dentro de una España Federal, dándole a la Generalitat unas competencias inaceptables para el resto de regiones. El debate en las Cortes fue vibrante, destacándose las intervenciones de Manuel Azaña y de José Ortega y Gasset , por aquel entonces diputado por León, quienes formularían las diferentes visiones de concebir España, si bien en la coincidencia de que los catalanes habrían de gozar de un nuevo Estatut acorde con la Constitución aprobada en las constituyentes del año anterior.

Manuel Azaña(1880-1940) concebía la cuestión catalana como un problema de tipo político que se podría solventar con la erradicación del descontento. Tras un esfuerzo, quedaría aprobado el día 8 de septiembre de 1932, constituyéndose entonces Cataluña como una región autónoma dentro del Estado, con arreglo a la Constitución, que era la que fijaba los derechos individuales, no pudiéndose regular nada que fuera diferencia de trato entre aquellos naturales y los demás españoles. Estos jamás tendrían allí menos derechos que los que tuviesen los catalanes fuera de su territorio. Perdida la guerra, Azaña declararía que la cuestión catalana perduraría "como un manantial de perturbaciones (...) y es la manifestación aguda, muy dolorosa, de una enfermedad crónica del pueblo español". El artífice en impulsar el Estatut de 1932 no dejó de aludir al llamado eje Barcelona-Bilbao, precisamente, como uno de los principales obstáculos para el triunfo en la contienda.

Para tratar de todo ello, la Ilustre Sociedad Andaluza de Estudios Histórico-Jurídicos lleva tiempo programando numerosas actividades y, entre ellas, la apertura del curso más reciente, celebrada el pasado jueves día 9 en la barroca capilla del instituto Luis de Góngora, donde tras la apertura de la sesión académica por parte de su presidente, Julián Hurtado de Molina , y de la lectura por parte del secretario, José Lucena Llamas , de la memoria, yo mismo, como miembro numerario de la institución, tuve el honor de presentar al doctor José Luis Casas Sánchez , quien de forma magistral nos desgranaría su lección acerca de Manuel Azaña: un político español ante el sentimiento autonomista catalán . Un tema candente todavía, con una sentencia pendiente acerca del reciente Estatut. El ponente, catedrático de Historia en varios institutos y buen amigo nuestro, ha impartido también Historia Contemporánea en la Universidad de Córdoba, estando considerado como un destacado especialista en historiografía local y en nuestros dos pasados siglos, siendo fruto de ello sus numerosos artículos y libros, especialmente sobre Niceto Alcalá Zamora, la II República española o bien acerca de su natal Cabra o Montilla en dichas centurias, donde se le relaciona con la Fundación Manuel Ruiz Luque y con cuanto allí acaece. El profesor Casas ha participado en numerosos congresos y pertenece a prestigiosas instituciones, siendo nombrado cronista de la Subbética. Colabora también con destacadas revistas y en algunos medios de comunicación nacional, entre ellos elplural.com, periódico digital progresista dirigido por Enric Sopena y con nuestro Diario CORDOBA, donde se valoran sus análisis acerca de la realidad actual y del pasado más reciente.

* Catedrático