Mientras cerca de mil millones de personas padecen hambre en todo el mundo, unos cuantos gobiernos destinan miles de millones de dólares o de euros para que no se hundan las entidades bancarias que se han lucrado a discreción en los últimos años. Así lo denunció ayer la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Alimentación.

Para combatir el hambre son necesarios unos 30.000 millones de dólares anuales (22.000 millones de euros), que ningún gobierno está dispuesto a aportar. Sin embargo, en unos días se han reunido 700.000 millones de dólares para evitar la caída de los mercados financieros.

Con solo 3.000 millones de euros se podría curar a 19 millones de niños menores de cinco años que sufren desnutrición en su fase más grave, pero sin ese dinero cinco millones de niños morirán y el resto padecerán secuelas físicas e intelectuales irreversibles.

Esos datos deberían hacernos sonrojar a todos los ciudadanos de los países desarrollados, que derrochamos cientos de euros en gastos superfluos, pero sobre todo debería llevarnos a exigir a nuestros gobiernos que se impliquen de verdad en la lucha por acabar con el hambre en el mundo.

Nadie debería pasar hambre cuando en este planeta Tierra hay alimentos de sobra para todos, pero está claro que a nuestros políticos les importan más los banqueros que los niños que mueren de inanición.