Zapatero se ha mojado y ha apostado por Córdoba 2016. Esta mera noticia debería convertir las Tendillas en una celebración de cadetes de West Point , con gorras de plato al aire. A mí no me ha caído encima ninguna, aunque como cordobés sería estúpido darle de lado al evento. Pero ya sabemos que el senequismo de los tiempos modernos se llama escepticismo. También el Príncipe apoyó en su día la Capitalidad Cultural. Antes los príncipes siempre traían un final feliz, cosa que ahora, entre machismo y desamortizaciones de hadas, tampoco tenemos garantizado. Uno tiene la sensación de que esta especie de Juegos Olímpicos chiquitos se ha convertido en una aspiración al ralentí, un disco de vinilo que gira a menos revoluciones y vende las bondades de la candidatura con voces góticas y languidecientes.

Estamos a menos de un mes de los comicios de marzo, buen tiempo para las mercerías, porque se compran muchas cintas y tijeras. Alabado sea. Mi mujer podrá ir más tranquila por la recta de Antequera. Cuando Magdalena Alvarez baje del AVE en la estación de Sants podrá creerse Mcarthur. Pero ZP ha apostado por Córdoba, por un fondo de inversión que seguramente no será como el Puente de Calatrava o el campo de golf nipón. Tiene su mérito, pues a esta provincia le han degradado un diputado, y además ninguna quiniela nos otorga un carácter estratégico.

Bienvenido ese apoyo, pero llámese más a sus medios que a sus fines: hablando en plata, infraestructuras. Saraos culturales pueden montarse de muy diversas maneras, como ese festival de la OTI que tuvo como escenario la Plaza de Armas de Lima. Muy cutre y muy copiable, para incluir en la enésima reunión sobre el Palacio del Sur.

* Abogado