Hace ya un mes que te ausentaste de tu casa onubense, de tu barrio del Torrejón, del cariño de tus padres que te lloran, de tus amiguitas que se preguntan cuándo volverás a jugar con ellas, de tu cole que lleva un mes con un pupitre vacío. Pero ¿dónde estás, Mari Luz ? ¿Qué mano siniestra te retiene? ¿Qué sinrazón cobarde y cruel impide que llegues al abrazo de tus padres, a la casa en que te esperan? No, no puede ser que cinco años alegres y vitales como los tuyos no dejen rastro ni en las pesquisas policiales ni el corazón, si lo tienen, de aquellas personas que te retienen. Pero ¿qué quieren de ti, de tu inocencia, de tu futuro, de tus ganas de estar con los tuyos? ¿Qué siniestras intenciones, que mentes retorcidas y desequilibradas han podido arrancarte del seno sagrado, del calor de tu hogar? Me pregunto qué sociedad es ésta que roba a sus hijos. Estamos tan acostumbrados a las desgracias televisadas y mediáticas, nos hemos vuelto tan insensibles a las tragedias ajenas que no acabamos de creernos que esto sea real.

Pero lo es, tu desaparición ha sido un aldabonazo cercano, un despertar en nuestras flaquezas y miserias; y todos compartimos el dolor y rabia de tus padres junto a su entereza ejemplar y su esperanza constante. Dice vuestro alcalde Pedro Rodríguez que esa fe de padres le desborda y vuestro ejemplo le ha hecho mejor persona. Y junto a esa expectativa de regreso cierto, también hay miedo y confusión, zozobra, nos tentamos la ropa, psicosis colectiva en los parques, en las salidas de los colegios, en los recintos de juegos a que esto pueda pasar a alguno de nosotros, de nuestros hijos. Huelva entera te busca, Andalucía toda sigue tus latidos. Unidos por ese dolor y esa esperanza, hoy yo, y todos, nos sentimos gitanos y queremos fundirnos en un abrazo sincero, ese que alguna vez fue esquivo por nuestra ignorancia y arrogante prepotencia.

Por muy larga que sea la tormenta, el sol vuelve a brillar entre las nubes, escribía el poeta libanés Khalil Gibran . Necesitamos que vuelvas, Mari Luz. No sé si todo volverá a ser como antes, como entonces, pero tú eres el banderín de nuestra esperanza. No nos dejes sin luz, ciegos de ira y de odio, bastante rotos estamos ya de quimeras. Exigimos tu liberación. Por favor, escucha nuestro grito, vuelve deprisa, para que tengas todo el amor de tu familia, para que sigamos confiando y creyendo en el ser humano que llevamos dentro.

* Abogado