El cordobés Miguel Angel Moratinos, como futuro ministro de Asuntos Exteriores, tiene el enorme y difícil compromiso de orientar el ser y el estar de España en el mundo. Perdone, lector, ya sé lo que me va a decir, me va a señalar el evidente error de que Moratinos no es cordobés. Permítame que le lleve la contraria y le asegure que es cordobés, y para seguir adelante con esta afirmación tengo que definir que es eso de ser cordobés. En primer lugar se aplica tal gentilicio a las gentes nacidas en Córdoba, pero también debe aplicarse a quienes sienten la pasión por Córdoba y luchan en el presente por su futuro. Es cierto que el hecho de nacer define de donde eres, pero también cuando una persona en un momento determinado de su vida implica su existencia en las apuestas por una ciudad y una provincia no cabe duda que pertenece a ella.

En la gran historia, este territorio donde el mundo se llama Córdoba, fue un centro de atracción de personas de talento y generosidad, gentes llegadas de diversas geografías contribuyeron a que Córdoba fuera ya en el siglo X la ciudad más iluminada de Europa y en el siglo XI fue el lugar donde se recuperaron los saberes de la Grecia clásica empezando por la filosofía aristotélica y platónica. Por Córdoba pasó esa filosofía interpretada por judíos, árabes y cristianos para que en Europa la conocieran Abelardo, Tomás de Aquino y todos los escolásticos. Aquí junto al Guadalquivir, convivían las azoras coránicas con los capítulos bíblicos y las frases sagradas servían para estimular la vida en una diversidad enriquecedora. Se cultivaban las artes y las maestrías en todos los oficios, desde el telar a la forja, pasando por la suave doma del cuero. Y ahora que tanto se habla del agua, fue aquí donde se promovieron minuciosas técnicas de regadío. En una tierra tan solar y áspera de calores, el sonido fresco del paso del agua le daba a los sentidos una sensualidad exótica. Era también Córdoba un tumultuoso y variado centro comercial. En un artículo que Moratinos publicó en nuestro periódico durante los primeros días de la campaña electoral, después de analizar nuestro pasado glorioso, sostenía que este pasado no debe servirnos para una estéril autocomplacencia sino para construir nuevas propuestas de futuro que inserten a Córdoba en una política de Estado y en las relaciones internacionales. Le tomamos la palabra y ahora que nuestro diputado tiene la gran responsabilidad de pilotar la política exterior de España, le recordaremos sus promesas para que inserte a Córdoba en ese tejido internacional conforme a sus propuestas. Desde aquí tendrá nuestro apoyo, colaboración y aliento. Uno es cordobés cuando comparte con los otros cordobeses la pasión por Córdoba, porque Córdoba para apostar a un futuro brillante tiene que ser una pasión compartida. Miguel Angel Moratinos no hizo propuestas vagas y generales sino que lanzó proposiciones y promesas muy concretas. Vuelvo al aludido artículo en donde escribió que Córdoba debe aprovechar su aquilatado pasado de convivencia y diálogo para transformarlo en proyectos reales que permitan dinamizar no sólo la vida social y cultural de la ciudad, sino para convertirla en punto de referencia internacional. Y pasando más a lo concreto sostiene que nuestra ciudad está legitimada para ser la sede de algunas de las iniciativas que la UE está a punto de poner en marcha en relación con el diálogo entre civilizaciones o entre Europa y el Mundo Arabe. Moratinos pensaba y defendía cuando escribió esas reflexiones que Córdoba era el lugar ideal para acoger un gran centro europeo de estudios estratégicos en el marco mediterráneo. Lo que entonces pensaba y defendió, en adelante le exigiremos que luche por hacerlo y lo haga. También apuntó la idea de que se debía montar aquí un Museo del Agua que constituyera una auténtica escuela para fomentar el estudio y la investigación sobre su uso y aprovechamiento, porque el uso y aprovechamiento del agua tiene dimensiones económicas, culturales y sociales.

La tercera promesa fue la de convertir Córdoba en sede de un foro Anual de Ciudades Faro del Mediterráneo, en el que participarán ciudades como Alejandría, Atenas, Nápoles y también Jerusalén, Marrakech, Damasco, Estambul, Marsella o Salónica.

Estas fueron sus promesas señor Moratinos, el cumplirlas depende de usted y de todos nosotros. Para superar las confrontaciones de un mundo tan lleno de metralla hay que montar estructuras para cambiar ideas y neutralizar a los asesinos, porque cambiar ideas es preferible a cambiar disparos. Córdoba es el lugar ideal para cambiar ideas.