Juego de series
"Industry", la heredera de "Succession" en la era de la mentira
La serie, que retrata el mundo de las finanzas, se prepara para su quinta y última temporada, mostrando cómo la mentira y la apariencia prevalecen sobre la verdad en el mercado londinense

Myha'la Herrold interpreta a Harper Stern, la protagonista de la serie Industry. / INFORMACIÓN
José Antonio Martínez Perallón
Industry comenzó en HBO como una de las herederas de Succession, pero se ha ido convirtiendo en algo más grande temporada tras temporada. De ser una serie de audiencias muy limitadas ha ido generando cada vez mayor número de seguidores y, una vez finalizada su cuarta temporada, se prepara para la traca final de la quinta. La serie se ha distinguido por ser uno de los retratos más feroces al capitalismo salvaje. Tiene el problema de que hay quien no está familiarizado con estos ambientes a veces la jerga se le escapa, pero entiende a la perfección las tensiones de los momentos más estresantes.
Si algo ha demostrado Industry a lo largo de sus temporadas es que el mundo de las finanzas no es un lugar para débiles. En sus inicios, la serie nos presentaba un ecosistema donde el éxito dependía de la sangre fría: saber cuándo comprar, cuándo vender y, sobre todo, cuándo no dejarse arrastrar por el pánico. Era, en cierto modo, una ruleta rusa en la que sobrevivía quien aguantaba un segundo más que el resto. Decisiones en las que se jugaban millones y que exigían una sangre fría fuera de lo común. No era de extrañar que esos jóvenes que aspiraban a abrirse un hueco en el mundo de las altas finanzas londinense se conviertan en un grupo de narcisistas, de tendencias nihilistas y con problemas de adicción al alcohol y a las drogas.
Hay que tener una cierta pasta de psicópata para estar en determinados puestos. No todos los personajes que debutaron en la serie han llegado hasta el final y a medida que avanzaba nos hemos ido despidiendo de algunos de ellos. No todos podían sobrevivir a este ecosistema plagado de personalidades tóxicas. Al final solo han quedado en pie Harper Stern (Myha'la Herrold) y Yasmin Kara-Hanani (Marisa Abela), dos amigas que se han apuñalado y traicionado varias veces a estas alturas. Por eso no sabemos si para cuando llegue la temporada final lo harán en calidad de rivales o aliadas. Las dos han conseguido ascender al olimpo de los negocios tras salir de Pierpoint, ese banco tóxico en el que empezaron. Al principio parecía que el hecho de perder su empleo era lo peor que les podía ocurrir pero han sabido prosperar fuera de allí.
En esta cuarta temporada, Industry va un paso más allá. Nuestras protagonistas ya no son unas becarias intentando abrirse paso en un mundo de tiburones. Ahora son ellas las que controlan los mercados. Un nuevo rol en el que han aprendido una valiosa nueva lección. Ya no gana el que mantiene la calma, sino el que sostiene la mentira el tiempo suficiente. Tener información privilegiada no es el eje de todo, sino también la capacidad de crear verdades alternativas para generar esa percepción alterada de la realidad. No es de extrañar que en el final de la temporada hayan entrado en el tablero organizaciones ultraderechistas tomando el control de las altas finanzas. Las fake news y los mercados se dan la mano en la tierra del Brexit.
La temporada gira en torno a Tender, una supuesta plataforma de pagos que aspiraba a convertirse en un gigante financiero tras recibir todas las bendiciones del gobierno británico. Para ello se desvincularon de su relación con páginas de contenidos para adultos, cuyas suscripciones ayudaban a nutrir su cuenta de resultados. Lo que parecía una empresa emergente con un futuro prometedor acaba revelándose como un castillo de naipes, un bluff sostenido por la necesidad colectiva de creer en él. Porque en Industry la verdad ha dejado de ser un requisito: lo único que importa es la credibilidad.
En este contexto, el CEO de Tender se convierte en el símbolo perfecto de la temporada. Interpretado por Max Minghella (El cuento de la criada), Whitney Halberstram es un mentiroso compulsivo, con conexiones tan turbias como ambiguas, que ha sabido moverse en las altas esferas financieras construyendo una identidad que el propio sistema valida sin cuestionar. No es una anomalía, sino una consecuencia lógica de un entorno donde la apariencia vale más que los hechos. No duda en traicionar a quien haga falta para que el show pueda continuar. Al final descubrimos que ni siquiera su nombre es verdad.
En cuanto a las protagonistas, Harper parece haber recuperado algo de humanidad, como si empezara a cuestionar las reglas de un juego que hasta ahora había aceptado sin fisuras. Cuando empezó la temporada pensábamos que sería la gran villana. Una especie de Tony Soprano en el mundo de las altas finanzas, que carece de escrúpulos y es capaz de lo que sea por ganar. En eso ha sido fiel reflejo de su mentor. Eric Tao (Ken Leong, Lost) ha sido uno de los mejores personajes de la serie y no sabemos si le hemos visto decir su última palabra. Tras el sacrificio de Eric, en esta temporada hemos visto a Harper más preocupada por hacer Justicia, no solo por acumular millones. Aunque lo ha hecho. Y mucho. ¿Ha aprendido la lección? ¿O hay quien ya no tiene nada que aprender?
Yasmin, en cambio, ha completado su transformación. Su ascenso no es solo económico, sino moral. Siempre utilizó el sexo como una herramienta de control, pero lo que antes era un mecanismo de supervivencia ahora se ha convertido en una forma de ejercer poder. A lo largo de esta temporada, un matrimonio con un miembro de la nobleza británica la ha permitido consolidar su estatus. Por cierto, que Kit Harington está aquí en uno de sus mejores papeles desde que acabó Juego de Tronos. Y muy por encima a lo que fue Jon Nieve. La red de prostitución vinculada a Tender deja de ser un elemento periférico para convertirse en parte del nuevo ámbito de influencia de Yasmin. Ella ya no es una pieza del sistema: es el sistema. Su evolución no puede entenderse sin mirar a su pasado. La relación con su padre, cada vez más turbia a medida que la serie ha ido revelando detalles, dibuja un entorno donde el poder y la ausencia de límites eran la norma. No aprende a jugar en la City: simplemente traslada a gran escala lo que ya conocía. Frente a ella, Harper encarna la duda. Y ahí está, probablemente, el gran conflicto de la quinta y última temporada: no tanto una lucha por el poder, sino por lo que queda de humanidad dentro de él.
Además de traerse a Harington y a Minghella, Industry nos ha traído a otras estrellas de grandes éxitos de la televisión reciente en papeles muy diferentes a los que nos tenían acostumbrados. Es el caso de Kiernan Shipka, a quien conocimos de niña como la hija de Don Draper en Mad Men y a quien ahora vemos como perturbadora lolita que se convertirá en una aliada esencial para Yasmin. O también a Charlie Heaton, uno de los chicos de la pandilla de Stranger Things encarnando a un periodista de investigación con problemas de adicción que ya no persigue a Vecna o al Demogorgon, sino a los tiburones ocultos tras las mentiras de Tender.
También ha cambiado la forma en la que la serie suena. La música electrónica y los clásicos de discoteca ochenteros que marcaban el ritmo de sus primeras temporadas dejan paso, en su episodio final de la cuarta temporada, a una presencia notable de la ópera. No es un cambio estético, sino narrativo. Industry ya no suena a fiesta, suena a tragedia. Sus personajes ya no corren detrás del éxito: viven dentro de él. Y como en toda tragedia, cuanto más alto se asciende, más inevitable parece la caída.
Este ascenso también se refleja en su relación con el dinero. Aquellos jóvenes que movían millones para otros mientras compartían piso ahora habitan el mundo que antes solo gestionaban desde fuera. Pero el precio ha sido alto. El dinero no los ha liberado, los ha integrado definitivamente en el sistema.
Nada de esto resulta casual. Los creadores de la serie, Mickey Down y Konrad Kay, trabajaron en banca antes de dar el salto a la ficción y vivieron de cerca un mundo que saltó por los aires con la crisis de 2008. Mientras que en los primeros años se dedicaban a escribir los guiones, en estos episodios se han implicado más en la realización de los episodios y son directores de buena parte de ellos. Industry no es solo una serie sobre finanzas, sino una disección desde dentro, una forma de entender un sistema donde la mentira no es una excepción, sino una herramienta.
Con una quinta temporada ya anunciada como final, la serie se encamina hacia su desenlace como una tragedia moderna. La victoria deja un gran vacío en el alma de los ganadores. Porque si algo ha dejado claro esta cuarta temporada es que aquí no gana el más inteligente ni el más fuerte. Gana quien consigue que los demás crean su mentira el tiempo suficiente.
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