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Estrenos de series

Crítica de 'Mujeres imperfectas' (Apple TV): no es fácil conseguir otra 'Big little lies'

La adaptación del 'best-seller' de Araminta Hall coquetea con un saludable delirio sin acabar de abrazarlo y persigue una profundidad a la que nunca llega

Elisabeth Moss (Mary), Kerry Washington (Eleanor) y Kate Mara (Nancy) en 'Mujeres imperfectas'

Elisabeth Moss (Mary), Kerry Washington (Eleanor) y Kate Mara (Nancy) en 'Mujeres imperfectas' / Apple TV

Juan Manuel Freire

'Mujeres imperfectas'

Creadora: Annie Weisman

Dirección: Lesli Linka Glatter, Nzingha Stewart 

Reparto: Elisabeth Moss, Kerry Washington, Kate Mara, Joel Kinnaman

País: Estados Unidos

Duración: 47 min. (8 episodios)

Año: 2026

Género: 'Thriller' psicológico

Estreno: 18 de marzo de 2026 (Apple TV)

★★

Desde hace algunos años, más de una y dos y tres series han tratado de convertirse en la nueva 'Big little lies', misión que ha resultado ser más difícil de lo que parecía. 'Mujeres imperfectas' lo tenía mejor que otras para cumplirla. Tenía una novela de 2020 de la experta en tramas inquietantes Araminta Hall como punto de partida. Tenía el Sur de California como, de nuevo, paisaje donde rodar todas esas vidas cómodas y/o glamurosas bajo las que laten enormes mentirijillas, antiguas conexiones semisecretas, problemas barridos debajo de la alfombra, etcétera. Tenía incluso un marido sueco de casi dos metros (Robert, interpretado por Joel Kinnaman) que podría ser un abusador. 

Pero no adelantemos acontecimientos y recordemos antes que, además, esta producción de Apple Studios tenía tres protagonistas sin nada que envidiar a las seis de la serie de HBO. Elisabeth Moss y Kate Mara encarnan a, respectivamente, Mary y Nancy, casadas y con hijos, una satisfecha ama de casa, la otra dedicada a la filantropía cuando no está siendo infiel al citado Robert con un tipo misterioso. Kerry Washington es Eleanor, soltera y sin ansias de dejar de estarlo, jefa de una organización de ayuda humanitaria con unas oficinas increíbles, o quizá mejor, inverosímiles. 

Por supuesto, más pronto que tarde un crimen lo sacude todo y ayuda a mostrar, poco a poco, las grietas de una amistad de décadas. Si nos fiamos de los bellísimos títulos de crédito (mucho mejores que los de 'Big little lies', de hecho), son fracturas con solución: el estudio de diseño Imaginary Forces nos recuerda en otra intro memorable cómo funciona el proceso japonés del kintsugi, arte consistente en reparar cerámicas rotas uniendo las piezas con una laca especial que puede llevar polvo de oro.

Casi todo en esta serie es reluciente, quizá en el intento de ocultar un interior bastante gris, sin gran carácter diferencial. El déjà vu llega a agotar. Otra vez estamos viendo a gente rica pasarlo mal, pero no tan mal como lo pasaríamos el resto de los mortales frente a sucesos parecidos; ellos pueden curar sus penas golpeando algunas pelotas en su pista de tenis privada. Se invita al espectador a ir sospechando de personajes diversos, todos ellos, como tantos de 'Big little lies', poco fiables por diferentes motivos. Ni siquiera la a priori plúmbea Mary es tan estable como parece y empieza a investigar por su cuenta con actitud temeraria. Que la Eleanor de la pantalla sea negra permite arrojar nuevos temas e ideas a la olla a presión emocional, como ya sucedía en la adaptación a serie de 'Little fires everywhere', también protagonizada y producida por Kerry Washington.

'Mujeres imperfectas' podría haber llegado a ser memorable por diversas vías. Por ejemplo, subiendo su ocasional melodramatismo al once y regalando más momentos dignos de ser convertidos en meme; reconociendo así más abiertamente que la mayoría de decisiones que toman los personajes de esta serie no tienen ni pies ni cabeza. Otra opción habría sido escribir más versiones de cada guion hasta llegar a esa resonancia emocional a la que, en ocasiones, la creadora Annie Weisman ('Physical') parece aspirar. Pero la serie no es todo lo delirante que podría ser ni tampoco resulta especialmente punzante en sus reflexiones sobre amistad, amor, privilegio y raza. Otro día hablamos del endogámico e incómodo emplazamiento de producto: esas niñas pidiendo a su padre "¡iPad!".

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