Junto con Javier Gutiérrez y Alejo Sauras, la actriz catalana Anna Castillo conforma el trípode sobre el que se se sustenta Estoy vivo, serie de TVE-1 a medio camino del thriller policiaco y la ciencia ficción que, a raíz del éxito de su primera temporada, ya tiene segunda entrega en la tele estatal. A sus 23 años Anna Castillo afronta ahora la segunda temporada de la serie.

-¿Se siente cómoda compartiendo esta serie con Javier Gutiérrez, su compañero en ‘El olivo’?

-Es un placer y un grado de confianza y seguridad muy alto porque a Javier le quiero mucho. Me siento muy tranquila con él. Es un actorazo. Desde que hicimos El olivo me sentí a gusto. Así que genial.

-Tras una temporada en la serie, ¿cómo definiría ‘Estoy vivo’?

-Es una obra que engloba diferentes géneros y tonos. Al principio intentamos crear uno que lo unifique todo. Es un thriller policiaco con elementos de ciencia ficción, comedia y drama sobre una familia que sufre una pérdida dolorosa. Creo que lo bueno de esta serie es que está apostando por hacer algo distinto. Hemos puesto todo nuestro corazón para que salga bien.

-¿Y su personaje?

-Susana Vargas es una adolescente de 19 años con mucho carácter. Al morir su padre ella sufre un choque tremendo, porque además en ese momento están enfadados. Cuando pasan cinco años, Susana ha seguido los pasos de su padre, se ha hecho a sí misma y se ha convertido en una mujer fuerte, valiente y con mucho sentido de la responsabilidad al cuidar de su familia. Tiene los pies muy en el suelo.

-Debe de ser curioso lo de tener a su padre vivo y no saberlo…

-Cuando conoce a Márquez (personaje de Javier Gutiérrez), Susana flipa y no entiende nada de esa persona. Él la mira, le pregunta, y ella se cree que la está investigando. Pero de algún modo crean rápidamente un vínculo muy fuerte entre ellos porque él la cuida y la protege. Se convierte en un compañero muy leal del que ella no se quiere separar. No entiende muy bien por qué, pero se siente muy a gusto con él. Los dos crean un equipo muy sólido.

-¿Qué pensó cuando leyó el primer guión?

-Me encantó. Me leí el primer capítulo de un tirón y me gustó cómo estaban escritos los diálogos y que pasaran tantas cosas. Me entretuvo un montón leerlo. Pensé que era una oportunidad muy buena para mí, tanto como actriz como para hacer una ficción diferente.

-¿Esta era la serie que necesitaba TVE para cambiar la inercia negativa de los últimos años?

-No lo sé. Ojalá sea así por lo que he dicho. Por premiar las apuestas valientes como ésta. Hemos hecho todo lo posible por que así sea.

-¿Le ha cambiado mucho su carrera profesional el Goya?

-Mi vida sigue siendo igual. Ahora estoy trabajando muchísimo y vivo un buen momento profesional, pero creo que es a raíz de hacer El olivo y no de recibir el Goya. Sí que es verdad que después del premio a lo mejor hay un poco más de exposición porque se espera más de ti. De momento no lo estoy sufriendo como una carga y sigo currando como antes. Espero hacerlo bien y que me sigan llamando para hacer cosas.

-¿Pero no se siente más segura habiendo visto que se le reconocen sus méritos como actriz con un premio tan importante?

-Al revés. No te sientes más segura porque se espera más de ti, aunque hay un aval. Si tu trabajo ha gustado, tienes que seguir demostrando que eres buena. Solo se sorprende una vez, y eso es una putada.

-¿Ve diferencias entre el cine y la televisión?

-Creo que son códigos distintos. De todos modos, yo no he hecho tanta televisión, porque solo he estado en Amar es para siempre, pero es otro código distinto: una serie diaria con otro ritmo y otra forma de trabajar. Aun así, no me parece tan distinto. Lo que está pasando es al revés, que el cine se está adaptando a muchos tipos de códigos y sistemas de rodaje. Ya no se rueda de una sola manera, sino que hay muchos tipos de películas. Algunas se hacen en cinco semanas, cosa que era antes impensable. Se está todo ajustando a la realidad que nos rodea.