Su sección en un programa nocturno de RNE tuvo tanto éxito que TVE le compró la idea de facilitar reencuentros pendientes a la gente llana. De esta manera nació el programa Dime qué fue de ti, formato con el que Teresa Viejo (Madrid, 1963) vuelve a TVE-1.

-El estreno de su programa se saldó con un 6,2% de cuota de pantalla. ¿Qué nota se pondría?

-Me parece que está dentro de lo razonable, porque no esperábamos más, incluso algo menos. La nota no depende de tu trabajo y del programa, sino de otras cosas. No se puede extrapolar de la situación en que está una cadena, que ese día hizo un 7% de media. TVE está en proceso de encontrar su sitio y quizás eso sea lo estimulante de trabajar en ella. Pero el trabajo del equipo ha sido digno y notable.

-¿Cómo surgió la idea de ‘Dime qué fue de ti’?

-Nace de una sección de mi programa en RNE La observadora, cuando se emitía por la noche. Se llamaba ¿Qué fue de ti? y tuvo un crecimiento exponencial. Cada vez que íbamos al contestador teníamos 20 historias. Empecé a rumiar que todas esas añoranzas de la gente podían tener un mayor recorrido. Entonces conté la historia a Veralia y la directora, Carmen Borrego (hija de María Teresa Campos), pergeñó un formato y se lo ofreció a TVE. Es el triunfo de la tenacidad.

-¿Y cuáles son sus objetivos?

-Son muy simples. En el fondo hacemos entretenimiento de una forma digna y acercándonos lo más posible a la carga emocional de las personas. Tenemos unos parámetros que son los de la televisión pública, con un formato renovado y moderno que supone salir del plató. Luego ya si logramos rizar el rizo y permitimos reconstruir algunas historias y arreglar la vida de alguien, pues bienvenido sea. Aunque ese no es nuestro objetivo.

-¿Qué aporta este nuevo formato a la televisión?

-Las historias están todas contadas. Lo que aportas es la manera de contarla. La gran contribución de este programa es darle un envoltorio de documental o de película cinematográfica a estas historias y al entretenimiento. Hemos saltado entre los géneros audiovisuales. Utilizamos elementos del documental puro y duro, grabaciones en exteriores, escenarios donde tienen lugar los hechos narrados, hablamos con las personas en sus hábitats naturales… Eso es muy interesante. Un elemento tan deformado como son los sofás, usados por todos los programas, nosotros los llevamos a los lugares más insólitos.

-¿Y su papel de presentadora?

-Yo he dejado de ser una comunicadora al uso que habla a cámara. Me convierto en el telespectadora, como el narrador se convierte en el lector. Reconozco que hay mucho elemento narrativo, mucho de la escritora que llevo dentro.

-En la entrevista al futbolista canario que salvó la vida por el árbitro se le vio con lágrimas en los ojos. ¿Eso es falta de profesionalidad o una prueba de la carga emotiva que tiene este programa?

-Hombre, prefiero creer que es lo segundo. En este programa no he pretendido ser la típica profesional. He leído estos días cosas muy bonitas en las redes sociales. Muchas de las reflexiones hablan de dónde están las cosas importantes de la vida. Están en las cosas y en las historias sencillas de la gente. En esos escenarios tan cercanos a nosotros como el recuerdo del compañero de colegio o del primer amor. ¿Es falta de profesionalidad? Si se entiende por profesionalidad eso de la estrella televisiva que se cruza de piernas estupendamente y que mira bien a cámara, yo soy muy mala profesional en este programa, porque me comporto como cualquiera que con empatía trata de escuchar a otra persona. Aquí no soy una profesional de la comunicación, sino alguien que escucha.

-¿Ha encontrado a TVE muy cambiada en su vuelta?

-Esa pregunta me toca una parte profunda de mí, porque quiero a esta casa. He encontrado a Televisión Española tratando de recuperarse y recomponerse después de muchas travesías del desierto. Con cierto desencanto porque, cuando uno apuesta por la audiencia y algo no funciona, y no tienes un perfil claro e intentas dirigirte a varios públicos… La gente que está allí es muy experta en televisión y a veces se desanima. H