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Parece un cocido, pero en realidad es un 'puchero andaluz': la receta de "caldo con su pringón" perfecta para el otoño

Acompañada siempre con un buen trozo de pan

Parece un cocido, pero en realidad es un 'puchero andaluz' El caldo con su pringón

Parece un cocido, pero en realidad es un 'puchero andaluz' El caldo con su pringón

Con el invierno a punto de torcerle el brazo a los termómetros en toda España, ya son muchas las casas que han empezado a sacar los abrigos del armario y a encender los fogones. Es la época en la que los guisos vuelven a ocupar el centro de las mesas y el olor a caldo caliente se mezcla con el del pan recién cortado. En casi cualquier punto del país se habla de pucheros, cocidos o caldos, aunque uno de los más conocidos sigue siendo el cocido madrileño, ese plato de tres vuelcos que desde hace generaciones calienta cuerpos y conversaciones en la capital.

Pero como bien sabe cualquier andaluz, hay otro guiso que no se queda atrás: el puchero. Muy parecido al cocido de Madrid pero con su propio carácter, su acento y su forma de servirse. Lo deja claro la creadora de contenido Isabel María PV, que en uno de sus vídeos explica que para ella, y para muchos en Andalucía, el puchero “es el caldo con su pringón”. Primero el caldo (blanco, casi lechoso) con fideos o arroz, y luego el segundo acto: la carne y la verdura aparte, lo que se conoce como la pringa, acompañada siempre con un buen trozo de pan.

La receta de puchero andaluz

La receta tiene alma de domingo, aunque también hay quien la prefiere dejar la receta de puchero para los lunes. El ritual arranca la noche anterior, dejando los garbanzos en remojo. Por la mañana todo va a la olla: panceta salada, gallina, ternera, pollo con hueso, la punta de jamón, un par de huesos blancos y verduras de temporada (zanahoria, puerro, apio, nabo y patata). Cuando empieza a hervir, se retira la espuma que se forma arriba, “que son las impurezas de la carne y la verdura”, como ella explica.

Después llega el momento de elegir: hacerlo en olla exprés o dejarlo a fuego lento durante horas. En su caso, opta por la primera opción, unos 35 o 40 minutos, hasta obtener un caldo tan blanco “que parece leche”. A partir de ahí, hay libertad: se puede tomar solo, con fideos o con arroz. Y al lado, la pringá, que en muchas casas andaluzas se comparte con pan y sin prisas.

El resultado es un plato sencillo pero lleno de historia, que demuestra que el puchero andaluz no es una copia del cocido, sino una versión con su propio acento, hecha de paciencia, buen producto y memoria familiar: “esto es un puchero andaluz y no la sopa de picadillo de la otra vez”.

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