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Diario Córdoba

Al margen

42 segundos

Un momento de '42 segundos'. CÓRDOBA

No es muy frecuente ver buenas películas con el tema deportivo como eje central. Desde luego, hay excepciones. No obstante, hay deportes como el boxeo que sí han tenido más suerte (Toro salvaje , Million Dollar Baby, The boxer… y muchas más) que otros, como el fútbol (no recuerdo demasiadas producciones, aunque sí algunas como The Damned United, Buscando a Eric o la siempre recurrente Evasión o victoria); aunque, desde luego, si existe un título representativo en el imaginario del esfuerzo atlético, éste sería Carros de fuego. En el caso del waterpolo, siempre se me viene a la cabeza Nanni Moretti con el gorro de baño en Palombella rossa y poco más.

Y ahora llega esta producción española, fabricada por un dúo de directores (Dani de la Orden, también presente en la cartelera actualmente con El test, y Álex Murrull), con guion de Carlos Franco donde se nos cuenta la peripecia de la selección nacional de waterpolo española durante la preparación y competición en las Olimpiadas de Barcelona 92. Está muy bien narrada y posee la suficiente épica como para mantener interesado al espectador durante su metraje (106 minutos) de principio a fin. Y eso que todos conocemos el final, pues está inspirada en hechos reales y la competición fue seguida por millones de espectadores. El filme arranca cuando es sustituido el seleccionador y se contrata al más duro de los preparadores (estupendo en su hieratismo Tarik Filipovic interpretando a Dragan Matutinovic), exigente hasta límites inhumanos. Asimismo, la cosa se complica cuando llega un grupo de jugadores procedentes de Madrid para romper la unidad catalana del equipo, provocándose rivalidad y malos rollos. Los dos líderes de ambos grupos tendrán que soportarse y llegar a compatibilizar sus personalidades.

Los actores que mantendrán este pulso serán Álvaro Cervantes y Jaime Lorente, que realizan un gran trabajo, representando a Manel Estiarte y Pedro García Aguado, respectivamente. Además, la impecable factura técnica gracias, entre otras cosas, a la fotografía en tonos fríos azulados de Pau Castejón, da un cierto aire francés a este emocionante filme.

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