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aniversario tipográfico

Una impresión centenaria

Tras noventa años de existencia, La Gutenberg de Castro del Río continúa utilizando la tipografía artesanal de tipos móviles, que emplea tanto en trabajos habituales, como tarjetas de visita, como en publicaciones especiales y revistas conmemorativas

 

Antonio T. Pineda Antonio T. Pineda
01/12/2019

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Trabajando en la imprenta, a principios de los 70, en una foto realizada por Francisco Pineda. - SÁNCHEZ MORENO

La Gutenberg de Castro del Río, 90 años manteniendo el tipo.

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La imprenta, uno de los caballos principales de difusión de la cultura, llegó a Castro del Río a finales del siglo XIX, con el establecimiento de José Aguado que dio luz a impresos mercantiles, tarjetas de visitas y profesionales, y a su vez propagó el movimiento cultural, hilvanó a la sociedad castreña e hizo más clara la vida administrativa y comercial de la población, instalado en el medieval barrio de la Villa. La imprenta de Aguado desapareció a principios de la pasada centuria, y fue ya entrado el siglo XX cuando se instaló, en la falda del núcleo primitivo de la población, la imprenta La Cervantina, propiedad de un empresario local, José Rodríguez, en la calle Martos, por donde entraron las tropas de Fernando III para conquistar Qasruh (Castro del Río). Rodríguez era un gran emprendedor y no escatimó para adquirir la maquinaria necesaria.

Local y maquinaria estaban dispuestos para comenzar a realizar los trabajos de impresión tipográfica. Solo necesitaba el personal necesario. Y lo encontró en la vecina población de Montilla. Era Miguel Morales Alcaide, Miguel el de la Imprenta, que acababa de licenciarse tras servir en el Regimiento Soria 9 de Infantería y participar en la campaña de África, en la zona de Larache, además de ser componente de la banda del regimiento como saxofón, una de sus pasiones, y trabajar en tipografía en la imprenta de la unidad, su otra gran inclinación. Precisamente el Regimiento Soria 9 participó anteriormente en la guerra de Cuba, conflicto en el que estuvo su padre, uno de los últimos soldados que abandonaron la isla caribeña.

Miguel Morales tuvo desde la niñez un gran interés por la cultura, recibiendo una exquisita educación cono becario en el colegio de los Salesianos de Montilla, sobresaliendo en gramática, ortografía, lectura y redacción, disciplinas a las que sumó posteriormente habilidades técnicas en composición, impresión, manipulación y encuadernación, adquiridas en las imprentas montillanas de Raigón y La Gutenberg -esta última continúa en la actualidad en servicio-. En definitiva, la persona que necesitaba el inquieto José Rodríguez. Con esta unión Castro del Río volvió a oír el sonido regular y característico de una imprenta, en esta ocasión el producido por una prensa de imprimir Minerva BC4 accionada a pedal, construida en Estados Unidos hacia 1862; un sonido regular que después de 90 años sigue escuchándose rítmicamente en el singular y bello barrio de la Villa, pero en la actualidad impulsado el pedal por el pie de su nieto, Miguel Morales Merino. Y en la misma máquina de imprimir.

Tras esta experiencia, Morales comenzó a sopesar la posibilidad de crear su propio taller, pero dificultades económicas retrasaron este sueño, que en parte se vio realizado asociándose con el propietario de una de las imprenta donde se formó - La Gutenberg de Montilla-. Lo mismo que la asociación con José Rodríguez, en esta ocasión fue Manuel Cobos, empresario montillano, quien puso la maquinaria, pero con opción a compra por Morales. Y tras dos años trabajando con Rodríguez, a finales del 1929 nació la Imprenta y Papelería La Gutenberg de Castro del Río, como sucursal de la de Montilla, entrando en competencia leal con La Cervantina, que desapareció poco después.

La Gutenberg pasó a ser netamente castreña a primero de enero de 1935, cuando finalizó el contrato con Cobos, y Morales adquirió la maquinaria y todos los útiles por 3.400 pesetas.

Los años siguientes a la incorporación de Miguel Morales como empresario tipográfico fueron complicados desde el punto de vista económico, pero paradójicamente no faltaba el trabajo en la imprenta, aunque sí sobraban los que no cobraba, Morales entendió que una imprenta era un foco de difusión de cultura, y para complementar la impresión ofertó los servicios de papelería y librería, destacando la venta de las publicaciones de Editorial Labor, creada a principios del siglo XX, que abarcaba literatura, ensayo, ciencia y técnica.

La Guerra Civil hizo que se silenciara el sonido de la Minerva BC4, de otra prensa de imprimir Boston Columbia de palanca (que en la actualidad tiene 120 años y sigue en funcionamiento) y de la guillotina Olmeda a volante (fabricada expresamente para La Gutenberg de Castro del Río por la empresa de Montilla Fundición Emilio Olmeda, quien desmontó una guillotina alemana Krause, fabricada en Leipzig, y la copió pieza a pieza en la fundición; máquina que hoy continúa funcionando en la imprenta, ubicada en la calle Pósito, del barrio de la Villa).

Miguel fue evacuado a la provincia de Jaén, destino al que llevaron a numerosos castreños, y estuvo en el frente en la provincia de Granada. Finalizada la guerra, fue confinado por un corto periodo de tiempo en un campo de concentración de Higuera de Calatrava, provincia de Jaén, reanudando en junio de 1939 la actividad en la imprenta, realizando trabajos precisamente para el Ayuntamiento.

Miguel Morales continuó su trabajo de composición en la imprenta entre cajas, tipos, botes de tinta, diseñando tarjetas, invitaciones, prospectos, programas de teatro y cine, pequeñas revistas y encargando clisés a las empresas cordobesas Estudios Herreros, en principio y posteriormente 

a Fotograbados Casares, empresa fundada en 1924, clichés realizados a partir de los trabajos del prestigioso dibujante Eduardo Flores delineante de la Diputación de Córdoba, o de fotografías de los fotógrafos locales José Córdoba y Rafael Recio.

Miguel y Francisco Morales. Foto: SÁNCHEZ MORENO

Entre tipos, papeles y tintas y pedales, tuvo aún tiempo de enseñar a varios discípulos que pasaron a trabajar en importantes empresas tipográficas de Madrid, Barcelona o Venezuela. Se jubiló oficialmente en 1968, pero no dejó de prestar su ayuda y conocimiento hasta unos meses antes de su fallecimiento en 1983, paralizándose por este hecho la propuesta de un numeroso grupo de castreños para la concesión de la Medalla al Mérito del Trabajo.

La segunda generación comenzó a trabajar entre comodines, cajas de tipos, componedores, galerines y galeras, con Francisco Morales Basurte -hijo de Miguel- además de impresor, oficial del Registro de la Propiedad. Apasionado por la tipografía, siempre le ha quedado tiempo para estudiar el arte flamenco y otras facetas musicales, además de investigador en diferentes temas de historia local.

A partir del 2014, la tercera generación, representada en el nieto del fundador e hijo del continuador, Miguel Morales Merino, geólogo y escritor aficionado, continúa en el mismo lugar del barrio de la Villa, con la misma maquinaria, aunque ha adaptado una zona a la impresión digital, pero diseñando en las cajas tarjetas de visita, profesionales, albaranes, invitaciones de bodas, estampas, portadas de revistas y otros trabajos complejos realizados en tipografía tradicional, utilizando los tipos móviles, de los que tiene una colección estimable, e imprimiendo en la mítica Minerva BC4, en la prensa de imprimir Boston Columbia de finales del siglo XIX, y cortando en la singular guillotina Olmeda.

Sabor a tinta tradicional, a tipografía que emana del creador de los tipos móviles de imprenta, el tipógrafo holandés Laurens Janszoon Coster, aunque los germanos lo atribuyen a una leyenda, presumiendo que el inventor fue un compatriota suyo, Johannes Gutenberg. Sabor a estampas de primera comunión, a invitaciones de boda, a revistas singulares. Sabor a una impresión centenaria.

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