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valores sociales

Fundación Gala

En los últimos 17 años, esta institución privada, la obra más querida del autor cordobés Antonio Gala, ha traído a la ciudad a más de 250 de los mejores creadores jóvenes de todo el mundo

 

José María Gala y el ministro de Cultura, José Guirao, en el centro, con los jóvenes creadores que participan en la actual promoción de la fundación. - A.J .GONZÁLEZ

Carmen Aumente Carmen Aumente
03/03/2019

La Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores es una institución privada sin ánimo de lucro por la que hasta el día de hoy han pasado unos 250 jóvenes creadores en dieciséis promociones en los últimos 17 años. La fundación, creada por el escritor cordobés Antonio Gala, recibe el premio Cordobés del Año en Valores Sociales del 2018, lo que, según su director, José María Gala, ha sido acogido con «enorme alegría» por todos los que trabajan en esta institución, ubicada en el antiguo Convento del Corpus Christi.

El director de la fundación agradece el premio «por lo que tiene de reconocimiento público a una labor que a menudo tiene poca visibilidad y que, sin embargo, ha traído a Córdoba a más de 250 de los mejores creadores jóvenes de todo el mundo en los últimos diecisiete años». Y añade que, para Antonio Gala, quien además recibió este premio en 1985, «esta alegría es aún mayor, ya que ahora es reconocida su obra más querida: esa comunidad pitagórica que él soñó «en que creadores de diversos orígenes producen entre sí una especie de fecundación cruzada que los hace crecer recíprocamente y recíprocamente erguirse y adentrarse en el entusiasmo donde la creación reside». Además, Gala afirma que «no conozco mejor inmortalidad que la de ser recordado, con afecto y respeto, por quienes nos sucedan».

Anualmente, la Fundación Antonio Gala convoca plazas de alojamiento y manutención para jóvenes creadores de entre 18 y 25 años en lengua castellana. No hay profesores que dirijan su actividad, sino que reciben eventualmente la visita de creadores ya consagrados que les orientan y aconsejan. Uno de sus pilares estriba en fomentar la convivencia entre los residentes y enriquecer cada uno su propia disciplina con la de los demás. Es esta «fecundación cruzada», de la que habla Antonio Gala, la que debe presidir la vida diaria: los jóvenes se reúnen al final de la jornada para explicar sus avances, sus dudas, compartir sus experiencias y enriquecerse recíprocamente. De esta forma, el escritor aprende del músico, el músico del escultor, el escultor del pintor y así, sucesivamente.

La institución tiene por lema un verso del Cantar de los cantares: Pone me ut signaculum super cor tuum (Ponme como un sello sobre tu corazón). Esa es la idea que preside la actividad diaria en esta acogedora casa en pleno casco histórico: «que el paso por ella impregne de tal forma el carácter de los jóvenes creadores que ellos mismos se reconozcan unos a otros en el futuro, aunque no coincidieran en el antiguo Convento del Corpus Christi; que, al verse, tengan conciencia de haber compartido un mismo sueño, sin siquiera haberse visto», dice la fundación en la presentación de sus objetivos.

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