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Vía Verde del Aceite... Martos-Jaén

El final del largo camino

El último tramo del camino que comenzó en la estación de Puente Genil nos lleva a la capital jiennense a través de una ruta en la que el viajero podrá descubrir los castillos y torres medievales de una tierra generosa y fértil cuya historia está unida al olivar

 

Caminantes de la Vía Verde del Aceite, muy transitada. - DIARIO JAÉN

TERESA MUÑIZ
03/12/2017

Los últimos kilómetros de la Vía Verde del Aceite conforman un recorrido amable que comienza en la localidad de Martos y que finaliza en la ciudad de Jaén. A lo largo de 23 kilómetros el viajero tendrá la oportunidad de conocer algunos de los antiguos castillos y atalayas que se disputaron cristianos y musulmanes durante la Edad Media, fortalezas construidas en la cima de las lomas que salpican un paisaje repleto de olivos.

El recorrido comienza en la estación de Martos, bajo la mirada del imponente Peñón de la localidad, la cima de Vía Verde, con 650 metros de altitud y donde que conservan los restos de una antigua fortaleza. El camino se inicia junto a una antigua máquina de vapor del apeadero. A partir de este punto comienza un sinuoso descenso hacia Torredonjimeno, la siguiente parada, aunque para llegar hay que atravesar la A-316 por varias pasarelas y pasos inferiores.

Al llegar a la estación de ferrocarril hay un área de descanso para los viajeros.

Torredonjimeno cuenta con un rico patrimonio histórico, como su castillo del siglo XIII, parcialmente restaurado. La fortaleza, que perteneció a la Orden de Calatrava, alberga el centro de interpretación del Tesoro Visigodo, y muestra una reproducción de las piezas de orfebrería encontradas en la zona y que hoy se pueden ver en diversos museos arqueológicos nacionales.

De vuelta a la Vía Verde del Aceite y de camino a Torredelcampo se atraviesan dos túneles y dos viaductos de hierro, construidos por Daydé y Pillé, los discípulos de Eiffel. Aún tendremos que cruzar la autovía en otras dos ocasiones hasta llegar, por fin, al final del camino: Jaén.

Jaén, levantada en las faldas del cerro de Santa Catalina, tiene un hermoso casco antiguo repleto de calles estrechas y empinadas. Custodia, además, un rico patrimonio monumental, como la catedral de la Asunción, una de las joyas del Renacimiento.

Junto a la catedral, en el perfil de la ciudad sobresale el imponente castillo de Santa Catalina, situado en la cumbre del cerro que le da nombre.

Se trata de una antigua construcción defensiva situada a más de 800 metros de altitud, en una estribación de la Sierra de Jabalcruz.

La fortaleza es en realidad el resultado la unión de tres edificaciones: el Alcázar Viejo, el Alcázar Nuevo y el Abrehuí, la construcción más reciente. El castillo de Santa Catalina tiene su origen en el siglo XII, y ha sido estratégico en numerosas batallas.

Actualmente está unido a un edificio moderno que mantiene el estilo arquitectónico y que se ha convertido en un parador nacional en el que estuvo alojado durante un largo tiempo el general francés De Gaulle mientras preparaba sus memorias y conocía de primera mano escenarios de la Guerra de la Independencia.

Jaén cuenta, además, con una judería: el barrio de Santa Cruz. Aquí nació Hasday ibn Shaprut, un médico y diplomático judío que se convirtió en consejero de los califas cordobeses Abderramán III y Alhakén II.

Jaén, también conocida por el sobrenombre de Santo Reino desde la Corona de Castilla, tiene numerosos templos religiosos cristianos, como la Basílica de San Ildefonso, del siglo XII, el templo más grande después de la catedral, o las iglesias de Santa María Magdalena y San Bartolomé.

Como ciudad importante de Al-Ándalus guarda algunas joyas de la época, como los Baños Árabes, construidos en el siglo XI. Situados en los sótanos del Palacio de Villardompardo, estos baños son unos de los más grandes y mejor conservados de España.

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