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ASTRONOMÍA

Duende, ¿planeta enano?

Su descubrimiento científico ocurrió alrededor de Halloween de 2015, tiene una órbita extremadamente excéntrica y necesita 40.000 años para completar «su año»

 

Imágenes del descubrimiento del objeto transneptuniano 2015 TG387 usando el telescopio Subaru (Hawái), de 8 metros de tamaño. - SCOTT SHEPPARD Y CARNEGIE INSTITUTION FOR SCIENCE

Apenas conocemos nuestro sistema planetario. Es cierto que, gracias a la exploración espacial, estamos aprendiendo mucho sobre los ocho planetas del Sistema Solar (sobre todo de Marte, Júpiter y Saturno, junto con la Tierra) y conocemos cómo se mueven cerca de un millón de cuerpos diminutos que clasificamos en cometas y asteroides. Pero esto es solo en la parte del Sistema Solar interno. Las partes externas aún permanecen sin explorar. Hemos visitado Plutón, otrora clasificado como «planeta», pero relegado a «planeta enano» gracias los estudios de las últimas décadas. Otros tres cuerpos clasificados como «planetas enanos» están también en esas regiones trasneptunianas: Eris, Haumea y Makemake. Estos cuatro objetos rocosos y helados, junto con el asteroide Ceres (que durante buena parte del siglo XIX también estuvo clasificado como «planeta»), constituyen los «planetas enanos» que conocemos. Pero no es descabellado que más de estos objetos se encuentren escondidos en las partes externas del Sistema Solar.

A principios de octubre la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés) anunciaba el descubrimiento de un objeto más allá de Neptuno que es candidato a planeta enano. El hallazgo se presentaba en un artículo científico publicado en la prestigiosa revista The Astronomical Journal por un grupo de investigación liderado por el astrofísico Scott Sheppard, del Instituto Carnegie (EEUU). En dicho estudio se muestran las observaciones y el cálculo de la órbita de un objeto trasneptuniano que podría tener un tamaño de unos 300 km. Este objeto tiene el nombre oficial de 2015 TG387 pero el equipo investigador, los divulgadores científicos y los medios de comunicación lo llaman como Goblin o Duende porque su descubrimiento ocurrió alrededor de Halloween de 2015. De hecho, desde entonces el equipo investigador ha estado recopilando datos de Duende para caracterizarlo, haciéndose ahora el anuncio de su descubrimiento.

Duende es un objeto singular porque tiene una órbita extremadamente excéntrica. Tanto que su perihelio (el punto más cercano al Sol) ocurre a 65 unidades astronómicas (9.800 millones de kilómetros) mientras que su afelio (el punto más lejano al Sol) está a 2.300 unidades astronómicas (345.000 millones de kilómetros). Así, Duende necesita 40.000 años para completar «su año». En comparación, Plutón se haya entre 30 y 50 unidades astronómicas (entre 4.500 y 7.500 millones de kilómetros) del Sol. En efecto, Duende está tan lejos que los telescopios actuales solo pueden verlo durante el 1% de su órbita (en este sentido, hemos tenido suerte). La estimación de 300 km para su tamaño, que posee una incertidumbre considerable (podría ser de 100 km o quizá de 600 km) proviene del estudio de su brillo aparente. Pero como se desconoce completamente la proporción entre la cantidad de hielo (muy reflejante) y roca (poco reflejante) en Duende, algo que varía mucho en los objetos transneptunianos, su brillo real es muy incierto.

La órbita tan excéntrica de Duende lo coloca en una posición muy especial: parece que se trata de un objeto de la Nube de Oort interna. La Nube de Oort no se ha observado aún, pero los astrofísicos defienden que está ahí, hasta casi un año luz de distancia del Sol, billones, quizá trillones de diminutos cuerpos, envolviendo el Sistema Solar. Es de ahí de donde proceden los cometas de período largo. Junto con Duende, los también candidatos a planetas enanos Sedna y 2012 VP113 (que no tiene otro nombre) serían los tres únicos objetos que, hasta la fecha, conoceríamos de la Nube de Oort.

Fue precisamente usando los datos de Sedna y de 2012 VP113 cuando en 2014 los astrofísicos Chad Trujillo y Scott Sheppard (el descubridor de Duende) postularon que podría haber un «noveno planeta» aún por descubrir en las partes externas del Sistema Solar. Los cálculos fueron luego refinados en 2016 por los astrónomos Mike Brown y Konstantin Batygin, quienes presentaron un modelo teórico usando los datos no solo de Sedna y de 2012 VP113 sino de otros cuatro objetos más. En este modelo se predecía la existencia de un planeta más grande que la Tierra pero más pequeño que Neptuno (una «supertierra») en esa zona del Sistema Solar. Como curiosidad la noticia de este estudio también tuvo mucha repercusión mediática, aunque desgraciadamente en muchos sitios se presentó la predicción como un hecho («Descubierta una supertierra en las afueras del Sistema Solar»). En cualquier caso, esto ha desatado una intensa campaña observacional, que incluye incluso la participación de proyectos de ciencia ciudadana, a la caza del «hipotético» Planeta 9 (o «Planeta X», como los defensores de que Plutón debería mantener el estatus de planeta sostienen). El descubrimiento de Duende cuadra perfectamente con el modelo de Brown y Batygin, lo que da esperanza a los astrofísicos a que, ciertamente, esa esquiva «supertierra» esté ahí fuera.

En cualquier caso, ¿debemos añadir Duende a la lista de planetas enanos? Por el momento, no. No solo porque aún habría que confirmar que 2015 TG387 es, en efecto, un planeta enano, si no porque el nombre de Duende no es oficial: solo la Unión Astronómica Internacional tiene potestad para bautizar a los objetos celestes y aún no se ha pronunciado al respecto. Lo que es más importante es lo que significa este hallazgo: hay muchos objetos aún en el Sistema Solar que desconocemos que están ahí, quizá incluso una supertierra.