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CASTILLOS DE CÓRDOBA

Castillo de Iznájar: fortín de agua y cielo

Imposible completar la ruta por los castillos cordobeses sin visitar el que fue bastión ‘del otro lado’, tanto por ser punta de lanza de los rebeldes musulmanes contra los omeyas como por tratarse de la última tierra cordobesa en ser conquistada. Todo desde el castillo de Iznájar es especial

 

Un barrio de Iznájar, en la falda del castillo que dio origen a la localidad, con la conocida ahora como torre del homenaje. - EUROPA PRESS / JUNTA DE ANDALUCÍA

Juan M. Niza Juan M. Niza
19/07/2020

FICHA

Una joya de la arquitectura militar musulmana que reaprovecha elementos y estructuras desde los romanos y visigodos o soluciones de fortalezas emirales y califales.

La visita
Visitable de miércoles a domingo con cita previa en la oficina de turismo (647492234). Máximo tres turnos al día de 15 personas por las medidas sanitarias, por lo que no se puede entrar al aljibe. Incluye un audiovisual informativo.

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Al hablar del castillo de Iznájar hay que cambiar de chip. Toca pensar en nazarí, en musulmán… y más aún: en musulmanes rebeldes. Y es que nos encontramos al otro lado de la frontera, aquella tierra de nadie entre Castilla y Granada, con tantísimos otros castillos en la zona cristiana y frente a él… Iznájar, la fortaleza que vio sus mayores glorias antes de 1434, cuando tras varios vaivenes cayó definitivamente en manos cristianas. Miren la fecha: fue dos siglos después de la conquista de la muy andalusí ciudad de Córdoba. De hecho, y es un dato que se nos olvida, Iznájar es el último territorio de la actual provincia en ser reconquistado tras más de siete siglos y solo siete décadas antes de que cayera Granada.

Quizá todo ello le da al castillo de Iznájar, y a través de esta fortaleza a toda su población, un espíritu singular que comienza por su propio nombre, que deriva de Hisn Ashar. Y no solo es peculiar el alma del castillo, su propia estructura casi triangular es especial, así como elementos aún existentes que van mucho más allá de la mayoría de los castillos cordobeses, como las construcciones romanas y visigodas con el empleo de sillares de arenisca y argamasa, con algunas coincidencias como el hueco que se deja a las hojas de las puertas, cuyas similitudes pueden encontrarse en obras de inspiración visigodas tan lejanas como San Pedro de la Nave (en Zamora, del siglo VII, la más antigua iglesia en activo de España) o la carencia absoluta del uso del ladrillo en la cimentación.

El conjunto, sin embargo, ha sido re-datado recientemente en el siglo XII, pese a los elementos referidos y las noticias e indicios de que el castillo se construyó en época emiral y fuera reformado en el siglo X, una vez que los omeyas terminaran con un siglo de rebeliones contra Córdoba. Porque esa es otra peculiaridad: más dolores de cabeza sufrieron los emires y el primer califa omeya con esta fortaleza del sur que todas las jaquecas que le produjeron los reyes cristianos.

El acceso habla de cómo la fortaleza protegía la alcazaba, al este, y la ciudad cuyo rastro aún conserva la trama urbana de Iznájar. FRANCISCO GONZÁLEZ

El acceso habla de cómo la fortaleza protegía la alcazaba, al este, y la ciudad cuyo rastro aún conserva la trama urbana de Iznájar. FRANCISCO GONZÁLEZ

En su día, el acceso al castillo (con 98 metros de muralla de sillería regular, con mortero de cal y una anchura de 1,8 metros y rodeado en parte por un foso seco) daba paso a un patio de armas, con un aljibe rectangular con una columna de la que salían los cuatro arcos que cubrían las bóvedas. Por su parte, las cuatro torres encierran, cada una de ellas, una historia, función y origen diferente entre sí, como la primera atalaya con planta acodada que daba entrada a la fortaleza; una segunda, de 12,9 metros en la parte noroeste; la torre noroeste (llamada torre del homenaje para la que se han aprobado obras de restauración), con planta cuadrada y tres cuerpos hasta una altura de 13,4 metros (la más representativa del conjunto) y la también singular torre del suroeste, que en realidad se trata de dos atalayas.
Cada piedra, y permitan lo que casi no es una exageración, es una historia distinta, y más desde que en el siglo XVIII se reacondicionó el conjunto, que ya era complejo, como residencia del administrador del Duque de Sessa. Pero aún queda otra singularidad, y no es una licencia poética: en ningún otro castillo cordobés puede verse un paisaje de agua, cielo y tierra como desde el castillo de Iznájar.

RECOMENDACIONES

EXTRAORDINARIA OFERTA HOSTELERA

Al menos 120 alojamientos rurales tiene la consolidada oferta hostelera de Iznájar, gracias a su riqueza patrimonial y natural, y a las posibilidades de ocio del embalse. Además, cuenta con un hotel rural, un hostal, camping, albergue... También la gastronomía es otro aliciente. Prueben los huevos ‘volaos’, que, pese a lo que pudiera pensarse por su nombre, es un riquísimo postre.

MURALLAS, RINCONES Y PLAYAS

Además de visitar el castillo, Iznájar permite disfrutar de las calles y rincones de su antiguo recinto amurallado, incluida la torre de San Rafael, con espacios como el Patio de las Comedias o hitos como la renacentista iglesia parroquial de Santiago y la biblioteca municipal (antiguo pósito), sin olvidar sus miradores al entorno del embalse, otro gran atractivo.

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