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MADRID / CORRIDA DE LA BENEFICENCIA

El toreo de verdad de Urdiales

 

El diestro Diego Urdiales en un muletazo a su primer toro. - EFE / KIKO HUESCA

Javier López (Efe)
13/06/2019

Ganado: dos toros para rejones de Los Espartales, de pobre apariencia, manso el primero y manejable el cuarto; tres en lidia ordinaria de Núñez del Cuvillo, de buena presentación y juego variado. Sin fuerzas, el noblote segundo; áspero y bruto, el tercero; y de excelsa calidad el cuarto. El sexto fue un sobrero de La Reina, sin raza ni clase.
Diego Ventura: rejón trasero y contrario, y descabello (ovación); rejón trasero y contrario (oreja).
Julián López 'El Juli': estocada ligeramente trasera (palmas); tres pinchazos, media tendida (ovación).
Diego Urdiales: estocada que hace guardia y tres descabellos (ovación tras aviso); estocada desprendida (ovación tras aviso).
Incidencias: en la enfermería fue intervenido el banderillero Víctor Hugo Saugar de: "cornada en glúteo izquierdo con una trayectoria ascendente de 35 centímetros que produce lesiones en músculos glúteo mayor y glúteo medio, contusiona el nervio ciático y rompe la fascia lata, presentando orificio de salida por la cresta ilíaca antero superior. Pronóstico grave".
Plaza: Las Ventas (Madrid). Lleno de no hay billetes (23.624 espectadores) en tarde espléndida.

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El riojano Diego Urdiales, aun sin pasear trofeos, ofreció ayer una importante tarde en Las Ventas ante la mirada del rey Felipe VI, en un festejo en la que la única oreja fue a parar a manos del rejoneador Diego Ventura, mientras que El Juli dejó muestras de buen toreo con el mejor toro de la corrida.

La expectación previa a la corrida la copaba el Rey, que un año más asistió a su cita taurina en Las Ventas para presidir desde el Palco Real la tradicional corrida de la Beneficencia. La gente abarrotaba desde varias horas antes los aledaños de la plaza a la espera del monarca, que, aclamado por la masa taurina, llegó acompañado por el ministro José Luis Ábalos, el presidente de la Comunidad de Madrid, Pedro Rollán (ambos en funciones), el director gerente del Centro de Asuntos Taurinos, Manuel Ángel Fernández; y el torero Juan José Padilla. La presencia de Felipe VI hizo avivar aun más los «¡viva España!» y «¡viva el Rey!» tan repetidos tarde tras tarde durante toda la feria. Pero lo de ayer fue desmedido.

Porque no es de recibo que mientras haya un hombre jugándose el bigote en el ruedo, la plaza se convierta en todo un guirigay, en este caso de desmedido fervor patriótico, que llega resultar hasta molesto. Y no por el significado de los vítores, ni muchísimo menos, sino porque la gran mayoría surgen a destiempo, en medio de una faena, restando importancia a lo que pasa en el ruedo.

Menos mal que Diego Urdiales se encargó de centrar los focos con su toreo, también El Juli con el segundo de su lote, sin olvidar al rejoneador Diego Ventura, que, además de cortar la única oreja, tuvo el mérito de meter en el canasto a un público que en este tipo de corridas suele ser muy ingrato con los caballistas.

Urdiales estuvo tremendamente firme con un áspero y brusco primero, que enganchó e hirió gravemente al subalterno Víctor Hugo Saugar justo cuando trataba de refugiarse en la tronera del burladero tras un par banderillas. Sin probaturas, el riojano se puso muy de verdad con él, tragándole una barbaridad y sin dudarle en ningún momento. Y eso que el toro tenía su miga, embistiendo con todo en sus medios y desagradables viajes. Pero la puesta en escena de Urdiales fue inmejorable, y así logró momentos de gran torería especialmente al natural, aunque al final lo malograra todo con su mala espada.

El sexto fue un sobrero de La Reina sin raza ni clase con el que Urdiales volvió a estar enorme. Pero en ese momento la gente estaba ya tan entregada a los «vivas» que la gran mayoría ni se enteró de cómo había estado el de Arnedo.

El Juli, al que no cesaron de censurar con su inválido primero, firmó momentos estimables frente al quinto, un jabonero de excelsa calidad, de esos para darse un festín toreando y poner la plaza boca abajo. No fue el caso. Y eso que Julián estuvo muy entregado e, incluso, lo toreó con largura en unos momentos de notable calado en los tendidos. Pero le faltó algo más pulso y le sobraron brusquedades. Le exigió de más y eso hizo que el animal, de lo que forzado que iba, perdiera las manos en varias ocasiones. Con un tacto más sutil aquello no lo hubiera parado nadie, porque, quede dicho otra vez, hubo pasajes muy buenos pero no tan rotundos como pudieron y debieron haber sido. Su fallo a espadas le privó de tocar pelo.

El que sí lo hizo fue Ventura, que cuajó una muy buena faena al cuarto, con el que brilló sobre Nazarí y, sobre todo, con un par a dos manos casi a toro parado montando a Dólar sin cabezada. Con su manso, huido y muy deslucido, primero estuvo muy templado y por encima de las circunstancias.

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