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MADRID / FERIA DE SAN ISIDRO

Román cambia una oreja de ley por una cornada

 

El diestro Román Collado, cogido por el primero de su lote durante su faena con la muleta ayer en Las Ventas. - BALLESTEROS (EFE)

Paco Aguado (Efe)
10/06/2019

Ganado: cinco toros de Baltasar Ibán, de muy seria presencia, con aparatosas y astifinas cabezas, aunque desiguales de hechuras y remate, varios con una alzada impropia de su encaste. En cuanto a juego, varios defendieron su falta de casta con genio, a base de violentos cabezazos, mientras que 2º y 4º fueron a menos dentro de una mansona nobleza. Y un sobrero de Montealto (1º), sustituto de un titular devuelto por flojo, bien presentado, mansote y sin clase.
Curro Díaz: metisaca en los bajos y estocada (silencio); estocada desprendida delantera (oreja); y pinchazo y estocada (ovación), en el que mató por Román.
Pepe Moral: pinchazo, media desprendida y descabello (silencio); cuatro pinchazos, media estoada muy tendida, media tendida atravesada y cinco descabellos (silencio tras aviso).
Román: estocada saliendo corneado (oreja), en el único que mató.
Incidencias: Román fue intervenido en la enfermería de una cornada "en tercio medio cara interna del muslo derecho con una trayectoria de 30 cms. hacia afuera y abajo que produce destrozos en vasto interno y musculatura aductora, contusión con vaso espasmo de arteria femoral que rodea fémur por su cara posterior produciendo contusión del nervio ciático, presentando orificio de salida por cara externa del tercio inferior del muslo. Pronóstico muy grave".
Cuadrillas: buenos puyazos de Juan Antonio Carbonell y Chocolate, y bregas destacadas de Juan Carlos García y Mingo.
Plaza: Las Ventas (Madrid). Vigésimo séptimo festejo de abono de la feria de San Isidro, con más de tres cuartos del aforo cubiertos (19.103 espectadores, según la empresa), en tarde con rachas de viento.

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El torero valenciano Román le cortó una oreja con enorme mérito y valor al tercer toro de la corrida de ayer en San Isidro, un viejo y violento manso de Baltasar Ibán que, al entrarle a matar, infirió al valenciano una tremenda cornada en el muslo derecho, pronosticada por los médicos como muy grave. Hasta el momento del impresionante percance, Román se estaba fajando con una absoluta firmeza con un toro voluminoso y de casi seis años que desde que salió al ruedo no hizo más que soltar violentos cabezazos a todo cuanto se le ponía por delante. Tras hacer pasar muchos apuros a las cuadrillas en el segundo tercio, sin que un empecinado presidente quisiera sacar el pañuelo hasta que el toro no cogió, sin mayores consecuencias, al banderillero El Sirio, Román se hizo presente con la muleta dispuesto a plantar cara al toraco con una absoluta entrega. Poco a poco, tan paciente como valeroso, el valenciano fue robándole medios pases con ambas manos, aun a costa de que en más de una ocasión el áspero manso le pusiera su aparatosa cornamenta a la altura de las sienes.

Fue el torero el único que no se arredró en el pulso, pues, abrumado por su firmeza, el de Baltasar Ibán acabó rajándose camino de tablas. Para entonces los méritos, sobrados, ya estaban hechos, a falta solo del último encuentro, el de la estocada, donde esos cabezazos constantes del caballuno animal se antojaban como la verdadera amenaza.

Román se fue derecho al morrilo con la espada y, como era de prever, el toro también se fue derecho hacia él con una violencia similar a la que mantuvo durante la lidia, de tal forma que le prendió por el muslo derecho y, como colgándole de un garfio, sacudió varias veces al valenciano antes de dejarle caer inerme sobre la arena. Cuando se llevaban a Román a toda prisa hacia la enfermería, el toro caía también de la estocada, luciendo su pitón derecho tintado hasta la oreja con la sangre del valiente, mientras la plaza pedía, conmocionada, el premio de esa oreja de auténtico peso.

También se llevó una oreja el director de lidia, Curro Díaz, que solventó la difícil prueba de la agria corrida de Ibán con sobrado oficio. Así fue como le robó algunos pases al desclasado sobrero de Montealto que mató en primer lugar y también al sexto de Ibán, que se defendió con menos aspereza que sus hermanos.

Pero el trofeo se lo llevó del cuarto, que brindó a Román cuando ya estaba siendo operado en la enfermería y la plaza seguía conmocionada. Aunque mansote y sin demasiado celo, este toro al menos tomó los engaños con nobleza, lo que el torero de Linares aprovechó para componer una docena de muletazos templados y de figura relajada hasta que el enemigo se desfondó del todo.

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3 Comentarios
03

Por vecino 15:34 - 10.06.2019

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Tranquilos. No pasa nada. No sufre. Es arte 100%.

02

Por gañán de Fernán Núñez 11:23 - 10.06.2019

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Soy aficionado a los toros. Mientras pueda hacerlo veré todos los espectáculos taurinos a los que pueda asistir. Dicho esto,manifiesto mi rechazo a presidentes tan malos aficionados como el que ayer presidia la corrida. A punto estuvimos de vivir una tragedia por no cambiar el tercio de banderillas. El Sirio salió ileso de milagro mientras este hombre insensible se tocaba el bigote. Román como siempre se puso de verdad y eso le llevo a la enfermería. La cogida,era de las que te dejan el cuerpo cortado por que sabes que ha sido muy gorda. El publico, ayer estaba de exámenes y lo protestaba todo. A Pepe Mora no tuvieron sensibilidad para respetar como podía estar ese torero después de haber llevado a Román a la enfermería. Gracias a los médicos que asisten a estos toreros. Que Román se recupere pronto.

01

Por vecino 10:01 - 10.06.2019

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Ayer en Las Ventas la afición ha encontrado lo que buscaba: emoción. A eso van. No a ver sufrir al toro, sino a ver cuánto arrima el matador. Esta vez le ha tocado pagar a Román. Y al toro, como siempre.