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116 DÍAS SIN TOREAR

Roca Rey reaparece el domingo en Lima en una corrida con Finito y Ponce

El matador peruano sufrió una lesión en las cervicales en la Feria de San Isidro tras una tremenda voltereta

 

Roca Rey en su última actuación en Pamplona - EFE

Javier López (Efe)
01/11/2019

116 días han sido necesarios para que el Roca Rey pueda enfundarse nuevamente el terno de luces; lo hará este domingo, 3 de noviembre, en su casa, en Lima, capital del Perú, país renacido taurinamente hablando gracias a este joven matador, convertido en todo un fenómeno de masas dentro y fuera de los ruedos. El cartel lo completan Enrique Ponce y Finito de Córdoba, con toros de El Olivar y La Viña, en una tarde que supondrá un nuevo punto de partida en la carrera de Roca Rey, que a buen seguro volverá con la misma fuerza, el mismo valor y el mismo hambre de triunfos que en las últimas temporadas le han catapultado al olimpo de la tauromaquia.

Porque hablar de Andrés Roca Rey es hacerlo del torero de moda, el rey de la taquilla, el hombre que -con permiso de José Tomás- ha dado el impulso que le hacía falta al toreo, llegando de una forma extraordinaria al gran público, que abarrota las plazas y agota el papel allá donde se anuncie el Cóndor del Perú. Tanto es así que su regreso a los ruedos se ha convertido en una de las fechas más importantes de un año en el que una inoportuna lesión cervical sufrida durante su triunfal tarde en San Isidro ha dejado huérfanas a prácticamente todas las ferias europeas y, en consecuencia, ha traído de cabeza a los empresarios para tratar de salvar sus respectivos bolsillos. Nadie se podía imaginar que aquella tremenda voltereta que le propinó un toro de Mayalde la tarde del 22 de mayo en Las Ventas iba a marcar un antes y un después en la temporada, más todavía cuando, en un gesto heroico, pareció reponerse para cuajar después una de las faenas más rotundas del año y que le valió la cotizada Puerta Grande de la Monumental madrileña.

Pero la gloria se convirtió enseguida en un infierno para él. De la caída sobre el albero sus cervicales quedaron gravemente dañadas, herniadas, y pronto apareció el dolor, y las limitaciones que con él suelen darse, en su caso, el hombro, prácticamente inmóvil, sin fuerza, totalmente reventado. De ahí que cueste explicarse cómo pudo matar dos corridas más en Madrid, otras tantas en Chota (Perú), una en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), otra en Alicante, Nimes (Francia) e Istres (Francia), y una más en Pamplona, el 10 de julio, que fue donde su cuerpo dijo basta.

A raíz de esa tarde fue cuando comenzó de verdad su calvario, pues por más pruebas que le hacían y por más sesiones de fisioterapia que llevaba a cabo su dolencia no cesaba, tanto que hasta decidió marchar a Estados Unidos para ponerse en manos de grandes especialistas en este tipo de lesiones. Y por más voluntad que trató de poner para acortar los plazos de recuperación y poder reaparecer en los meses de verano, al final, no le quedó otra que cortar la temporada, cancelando más de 40 compromisos entre España y Francia, un duro palo para él, para las empresas y, sobre todo, para su legión de partidarios.

Pero gracias a unos meses de durísimo trabajo (y en el que no han faltado rumores de todo tipo a cerca de su lesión), Roca Rey anunciaba hace una semanas la noticia que todos estaban esperando, la de su reaparición, y qué mejor manera de volver que en su casa, en Lima, la ciudad que le vio nacer hace 23 años, en su feria del Señor de los Milagros, de las más importantes de toda América.