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VALENCIA FERIA DE FALLAS

Una oreja benévola a Román

 

El matador Román, en un pase por detrás con la muleta, ayer en Valencia. - Foto:EFE / JUAN CARLOS CARDENAS

PACO AGUADO (EFE)
17/03/2016

Ganado: seis toros de los distintos hierros ganaderos del Niño de la Capea --Carmen Lorenzo (1º y 6º), San Pelayo (2º y 4º) y El Capea (3º y 5º)--, de buena presencia, aunque dispares de volumen y cuajo. Corrida, en general, abanta y fría de salida, muy escasa de raza y de fondo. Algunos toros apuntaron cierta calidad que no llegaron a desarrollar.

El Soro: estocada chalequera (pitos); dos pinchazos y estocada delantera deprendida (silencio).

Jesús Duque: pinchazo, estocada honda perpendicular y descabello (ovación); pinchazo y estocada trasera (palmas tras aviso).

Román: estocada delantera atravesada que asoma y dos descabellos (vuelta al ruedo tras petición); estocada y descabello (oreja).

La oreja concedida muy benévolamente a Román no fue suficiente balance para ocultar el decepcionante y gris resultado de la corrida de toreros valencianos, pues ninguno logró sacar nada brillante de los desfondados y apagados toros del Niño de la Capea. El solitario premio sólo puede entenderse como la recompensa del agradecido público valenciano a un paisano que, eso sí, puso empeño y voluntad, más allá de sus aciertos, durante toda la corrida.

Y es que Román, que participó en muchos y variados quites --por tafalleras, altaneras, saltilleras y, éste con especial mérito, por espaldinas-- intentó el lucimiento en todo momento, aunque sin llegar a redondear nada concreto con ninguno de los toros de su lote. Con unos paisanos muy a favor, ya se le pidió la oreja de su primero, que galopó con clase desde su salida e incluso en el inicio de la faena de Román, que echó las dos rodillas en tierra para torearlo en los medios. Sólo que de ahí no pasaron ni el mérito de la faena ni el fondo del animal, que de inmediato comenzó a buscar el camino de las tablas. Al sexto lo saludó Román con una apurada larga a portagayola y unos capotazos animosos, tanto como lo fue la apertura de un trasteo en el que no logró sacar ni un pase limpio a un toro sin clase y ante el que sólo pudo mantener esa entrega que la gente le agradeció con creces.

La nueva presencia de El Soro era sin duda el gran atractivo del cartel, pero en esta ocasión, un año después de su triunfal vuelta a la que fue la plaza de sus grandes éxitos, ni el torero ni los resultados fueron los mismos. Sin el coraje y la determinación de la reaparición, aminorada ya esa fuerza moral que le llevó a triunfar a pesar de sus notables carencias físicas, el torero de Foyos ofreció una imagen muy apagada y quizá más real que la de aquella eufórica tarde junto a las figuras. Fue comprensible que El Soro no banderilleara y no se confiara con su primero, que sacó mal estilo y complicaciones y al que se quitó de enmedio a las primeras de cambio con una estocada tan alevosa como efectiva. Pero más preocupante fue que no llegara a asentarse con el cuarto de la tarde que, aunque no tuviera demasiado recorrido en sus embestidas, sí que sacó suficiente nobleza como para que el veterano ídolo de la tierra hubiera puesto más de su parte.

El segundo de la tarde no dejó nunca de barbear las tablas en busca de la salida, antes de rajarse por completo frente la muleta de Jesús Duque. Después su voluntad se perdió entre los desajustes técnicos que tuvo con el quinto, otro toro sin clase al que el joven valenciano toreó con ligereza y poca convicción.