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ZARAGOZA / FERIA DEL PILAR

Isiegas se doctora con una oreja

 

Jorge Isiegas corresponde a los aplausos del público, ayer en Zaragoza. - ÁNGEL DE CASTRO

Paco Aguado (Efe)
12/10/2019

Ganado: seis toros de Núñez del Cuvillo, de juego tan desigual como su morfología y remate, aunque todos voluminosos y, salvo el primero, con los cinco años cumplidos. Destacó por movilidad y entrega el lote de Ureña, frente a un resto de animales de escaso fondo de raza y con las fuerzas justas.

El Juli: pinchazo y estocada tendida muy trasera (ovación); pinchazo caído y estocada trasera desprendida (silencio).

Paco Ureña: estocada caída (oreja); estocada delantera atravesada y tres descabellos (ovación tras dos avisos).

Jorge Isiegas: tomaba la alternativa. Estocada trasera desprendida (oreja); estocada baja (ovación).

El joven espada aragonés Jorge Isiegas tomó ayer la alternativa en una de la tardes estelares de la feria del Pilar de Zaragoza, y lo hizo con firmeza y con una sobrada solvencia que le valieron para cortar la oreja del toro del doctorado, mismo trofeo que paseó el murciano Paco Ureña. La actuación de Isiegas fue más que digna, dentro de las posibilidades que le ofreció su lote, sin llegar a desentonar, más bien al contrario, al lado de una figura consagrada y de uno de los toreros triunfadores de la temporada, que no llegaron a lucir por encima del toricantano.

El joven espada maño le cortó ya la oreja al toro de la ceremonia, un ejemplar un punto basto de hechuras y al que, con una engañosa movilidad, le faltó mayor celo y empuje para tomar los engaños con entrega. El mayor acierto del nuevo matador fue taparle las salidas para irle encelando hasta robarle, con soltura de torero hecho, muletazos más largos de los que el animal quería. Templado y firme en todo momento, redondeó con detalles de hondura cerrando el toro a tablas para cobrar la estocada que precedió a la concesión del bien ganado trofeo.

Salió también Isiegas muy dispuesto con el sexto, un feo y voluminoso cinqueño que desde que le presentó la muleta comenzó a huir buscando las tablas, totalmente rajado. Solo que el zaragozano, en un derroche de ganas, lo acosó incansable para robarle también unos cuanto pases de mérito antes de matarlo defectuosamente, en el que fue el único borrón de su tarde.

Dentro del desigual encierro de Núñez del Cuvillo, el lote de más claras y evidentes posibilidades se lo llevó Paco Ureña, que entró finalmente en la feria en sustitución de José María Manzanares, que se ha caído de las dos citas que tenía contratadas en al abono pilarista. El torero murciano le cortó una oreja, de muy poco peso específico, al tercero de la tarde, que se movió desordenado y locuno en los primeros compases de la faena de muleta, pero, de tanto ir y venir, se atemperó por sí solo para ofrecerle a su matador unas cuantas embestidas templadas. Ureña, que desde que abrió el trasteo por estatuarios lo había pasado sin mando ni fibra, le puso más acento a su obra en esos compases finales, aunque sin lograr un nivel estimable más que en los remates de las tandas, jaleadas por un público muy favorable que le pidió el trofeo a pesar de una estocada caída.

Mucho más claro y acompasado desde su salida fue el quinto, con el que el torero de Lorca acumuló pases y más pases destemplados, la mayoría tironazos, hasta en seis tandas en las que se le notó incomprensiblemente incómodo a pesar de la bondad del de Cuvillo. Fue también al final del traseo, en una prórroga de la larga faena, cuando Ureña le puso algo más de fibra y de pulso a su figura y a sus muñecas, para llegar a aprovechar medianamente tan notables embestidas, aunque dando tiempo a que, por sus añadidos fallos a espadas, llegaran a sonar hasta dos avisos.

En cambio, el lote opuesto en calidad y nobleza fue el que sorteó El Juli: dos toros que se desfondaron tras salir del caballo -el mostrencón segundo se paró casi agonizante- y con los que la estrella del cartel abrevió de manera forzosa, lo que, dado el panorama, fue de agradecer.