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valladolid

Emilio de Justo, el triunfador, a hombros con Juan Bautista

 

Emilio de Justo. -

Pepe Estévez (EFE)
06/09/2018

Emilio de Justo, que cortó tres orejas, fue el gran triunfador de la segunda de feria en Valladolid, una tarde en la que el francés Juan Bautista le acompañó en su salida a hombros al cortar dos orejas, mientras que López Simón obtuvo un solitario apéndice. Muy interesante resultó el juego de los aldeanuevas-rabosos salmantinos de El Pilar, con buen empleo en varas y algunos ejemplares de alta nota en la muleta. Buena lidia de Rafael González en el primero, un toro que hizo sonar el estribo en el caballo. El francés Juan Bautista, generoso con el toro, le dio sitio, se lo dejó venir de lejos e instrumentó una faena de impecable técnica. Contundente con la tizona logró una oreja. Con el cuarto, un toro que tuvo problemas en sus apoyos delanteros pero con clase en su embestida, le dio también buen trato Bautista. Letal nuevamente con la espada. Otra oreja para él. Emilio de Justo lanceó al segundo a pies juntos dejando una media de auténtico cartel de toros. Empujó con fijeza en el peto el de El Pilar. Por el izquierdo el recorrido era menor. Inoportuno desarme, antes de abrochar la faena con unos ayudados muy toreros. Dejó una estocada entera y tendida que le valió un trofeo. El quinto fue devuelto tras partirse una mano a la salida del caballo. En su lugar salió un sobrero estrecho se sienes, de gran esqueleto y con muchos pies de salida. Hubo suavidad en el capote de Emilio de Justo, que, sin cata previa, se puso directo sobre la diestra. Faena de buena nota y de medido metraje. Enterró el estoque en el primer encuentro y cortó las dos orejas.

López Simón firmó ante el tercero una faena en la que se le vio muy fácil. Recorrió mucha plaza y tiró después de recursos y efectismos, ejecutando unas bernadinas que calentaron a la parroquia, antes de dejar media estocada, en el segundo envite. Ensillado el sexto, montado arriba, se emplazó en el tercio de salida. Guajiro empujó como un tejón en el peto, donde lo agarró bien Ángel Rivas. El toro pasaba pero a su aire, sin acabar de romper hacia adelante, aplomado, duró un suspiro. Se metió entre los pitones, librando un cuerpo a cuerpo. Defectuosa estocada.