+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

FESTEJO EN LA LOCALIDAD CIUDADREALEÑA

Canales y Benítez triunfan en Pedro Muñoz

 

Foto de archivo de Julio Benítez ‘El Cordobés’. - LADIS

Agencias
04/08/2019

Los diestros José Antonio Canales Rivera y Julio Benítez El Cordobés fueron los triunfadores del festejo celebrado ayer en Pedro Muñoz (Ciudad Real) en el que la nota gris la representó El Dani, que pasó sin pena ni gloria la tarde en la que se doctoraba como matador de toros.

Tomar la alternativa son palabras mayores. O debería serlo. Por ello produce un sentimiento de tibia tristeza presenciar una como la de ayer en Pedro Muñoz, en la que sí, un hombre se doctoró -es un decir-, aunque lo hiciera sin brillo, siendo un mero trámite, un objetivo sudado y soñado largamente -este torero debutó con picadores allá por el 2002- y finalmente logrado.

A pesar del laconismo, Daniel Ollora, en los carteles El Dani, se convirtió en matador de toros con el toro número 47 de Soto de la Fuente, de nombre Oscurecida, un ejemplar que tuvo tanta clase como falta de fuelle y fuerza, y más tras derrumbarse en el inicio de faena de muleta, después de haber mostrado una gran clase en los dos primeros tercios y, también, lucir dos escobas por pitones.

Su espigado matador, ya peinando canas, se puso delante y lo intentó, sin confianza ni fuste.

Más decoroso, sin excesos, anduvo frente al noble y enclasado sexto, que tuvo un buen pitón derecho, si bien tampoco le sobró la raza.

Canales Rivera realizó una seria faena a su primero, brindada a su hijo. Su antagonista tuvo cierta clase al meter la cara abajo, pero no le sobraba la fuerza y se defendía con un derrote en el tramo final que el gaditano sorteó con cierta facilidad. Lo mató contundentemente a la primera y a sus manos fueron dos orejas.

El quinto adoleció de la raza necesaria para perseguir la muleta con el recorrido suficiente y rematar los muletazos, por lo que el trasteo quedó en un querer y no poder.

Julio Benítez El Cordobés se las vio con un tercero noble y soso a partes casi iguales. Lo mejor del toro fue su buen embroque, humillando aunque sin terminar el viaje. El Cordobés manejó las telas con rapidez e incluso se atrevió con un salto de la rana de vuelo rasante.

No exhibió seguridad El Cordobés frente al anovillado sobrero de El Pizarral, que unas veces conseguía finalizar el viaje tras la tela, y otras se derrumbaba. Su acierto con la espada al primer intento le valió la oreja que le abrió la puerta grande.