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REPORTAJE

De casa de marqueses a centro cultural

El palacete es «un elemento muy singular» y tiene la estructura de «una casa patio auténtica»

 

P. COBOS
27/06/2017

«Esta pieza no la encuentras normalmente en otros tipos de conventos», explicó ayer el arquitecto Francisco Vázquez, responsable de la obra de restauración del palacete barroco del convento de Santa Cruz, al ser preguntado por la relevancia que este edificio tiene para la ciudad de Córdoba. En el acto de presentación de la reforma ya finalizada, detalló que se trata de «un elemento muy singular dentro de un convento», subrayando su primer uso residencial y recordando que «lo edifican los marqueses de las Escalonias, que eran los patronos del convento, cuando profesan dos de sus hijas aquí».

Otra de las particularidades apuntadas por el arquitecto es que «se construye en una situación que hace posible que tenga un acceso desde el exterior, pero, al mismo tiempo, tenga una conexión muy directa con el interior del convento». Además, en referencia a su estructura, comentó que «es un palacio con una forma de casa patio auténtica, con el modelo exacto de casa patio», ya que dispone de una planta baja de verano y una planta superior de invierno, a lo que añadió que «de hecho, tenía dos cocinas».

Francisco Vázquez puso de relieve «la riqueza de las pinturas barrocas» y recordó que «con la restauración se han recuperado unas pinturas que iban a desaparecer», en referencia a la intervención desarrollada en los patios.

Acerca de la posibilidad de que este inmueble, propiedad de las clarisas franciscanas que habitan el convento, haya sufrido intervenciones destacadas desde su construcción en el siglo XVIII, manifestó que «tenemos constancia de su construcción entre 1726 y 1729», precisando que «en el convento existe el plano original de cuando se ejecutó la obra, que, prácticamente, lo superpones con el plano del levantamiento actual y no ha habido ninguna modificación sustancial sobre lo que había en ese momento». También aclaró que «la duda entre 1726 y 1729 la tenemos ahora porque, al restaurar las pinturas murales, han aparecido las dos fechas» y, por tanto, «ya no sabemos si corresponde al inicio de obra una y a la terminación, otra».

En este sentido, sostuvo que «nos extraña que la obra durara tres años, pero puede ser que las pinturas murales se terminaran en 1729 porque es lo último que se hace cuando se edifica el palacete». A partir de ahora, si el objetivo anunciado por el Ayuntamiento de Córdoba se cumple, este espacio se convertirá en un centro de interpretación de los patios conventuales, en línea con la relevancia que las casas patio tienen para la ciudad.

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