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EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

El urogallo cantábrico agoniza

Un programa de 5,5 millones de euros para su recuperación no consiguió su preservación y los expertos creen que no quedan más de 200 ejemplares

 

El urogallo cantábrico agoniza - CARLOS SÁNCHEZ / SEO BIRDLIFE

MARÍA G. SAN NARCISO
14/01/2018

En los cantaderos del bosque el urogallo cantábrico hace su parada nupcial en primavera. Con las cejas rojas y su amplio plumaje, se exhibe y contonea a la espera de que una  hembra lo elija por su físico y canto para aparearse. Una escena casi mágica que pocos han visto. Quizá los guardas. También quienes salían a cazarlo. O los vecinos de Tarna, un pueblo asturiano donde un ejemplar, bautizado como Mansín, los deleitaba con su derroche de hormonas. Era el año 2008 y el animal campaba a sus anchas, como si fuese un ave de corral más. Y como tal, terminó falleciendo entre los colmillos de un perro.

Mansín se sumó entonces a los cientos de urogallos cantábricos que han desaparecido en las últimas décadas hasta convertirse en especie en peligro de extinción crítica. Tan serio es el asunto que ni siquiera se sabe cuántos ejemplares quedan. Los expertos hablan de decenas. Tal vez 200 si son optimistas. Eran 500 en último censo realizado hace más de diez años.

Felipe González, delegado de Cantabria de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), explica que se está realizando un nuevo censo genético. Recogen excrementos y plumas del animal para poder determinar cuántos hay. Lo sabrán a finales de este año.

CAZA MASIVA 

La larga existencia de los urogallos en la península ibérica, que se remonta al comienzo del último periodo glaciar, entró en declive a mediados de siglo XX por su caza indiscriminada. "Las escasas estadísticas disponibles sugieren que se cuentan por miles los machos cazados, buena parte de los cuales terminaron disecados adornando cocinas y salones", señala Rolando Rodríguez, investigador de la Universidad de Exeter y experto en estas aves.

González apunta también a la mezcla de otros factores como el aumento de los depredadores, en especial ciervos y jabalíes; las infraestructuras creadas en los años 80 o el cambio climático.  

INVERSIÓN SIN RESULTADOS

Si en 1979 prohibieron su caza, en el nuevo milenio, con la situación crítica, se aprobó un ambicioso programa de seis años para su recuperación: el Life+ Urogallo Cantábrico. Su director, Ignacio Torres, explica que el presupuesto partía de siete millones, pero finalmente se recortó a cinco y medio. Cifra que los críticos ven excesiva teniendo en cuenta que no se ha logrado el esperado repunte poblacional.

Entre los resultados del proyecto, que finalizó el pasado 2016, señalan que se liberaron tres ejemplares que permitieron estudiar su aclimatación y que procedieron a la suelta directa de dos hembras en un cantadero de Léon. Cuatro de los animales fueron depredados y del quinto solo apareció su transmisor.

Meses más tarde de que publicaran estos y otros resultados en la revista científica 'Grouse News', cinco biólogos, entre ellos Rolando Rodríguez, contestaron con otro artículo muy crítico. "El problema es que no se conoce la causa o causas que están impidiendo que la población se recupere. Se especuló acerca de cuáles podrían ser y se aplicaron medidas muy invasivas y extraordinariamente costosas en base a esa especulación. En esas condiciones era previsible que esas medidas fallasen", explica a EL PERIÓDICO Rodríguez.

Torres defiende que se hicieron todas las acciones estipuladas en la normativa: la estrategia para la conservación del urogallo cantábrico. Igual que González, hace una lectura más optimista del proyecto y señalan que, pese a no haber conseguido los objetivos, tanto Administraciones como la SEO/BirdLife y distintas empresas pusieron todos sus conocimientos y trabajo hasta conseguir saber ahora más de lo que se sabían antes. Y seguirán trabajando.  

CUENTA ATRÁS 

Por su parte, Rodríguez incide en que deben identificar qué impide que la población se recupere por sí misma. Y cree saberlo. "En poblaciones tan pequeñas a menudo existen pocos individuos reproductores que están muy emparentados entre sí", explica. Así que dejan de reproducirse. "Este proceso se denomina depresión por endogamia. Si el tamaño es tan pequeño como se piensa estaríamos ante una cuenta atrás muy rápida", explica.

Según el experto, quedarían entones  pocos años para incrementar la variabilidad genética mediante el intercambio genético entre los urogallos de toda la Cordillera Cantábrica, además de introducir genes compatibles procedentes de otras poblaciones ­­-como la pirenaica- para que recupere el potencial reproductivo y siga haciendo gala de ello en sus cantaderos.