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REPORTAJE

El peor barrio de España

Los Pajaritos, en Sevilla, aparece en los ránkings como la zona mas empobrecida del país H Los pisos que dejan quienes prosperan los ocupan los clanes de narcos enseguida

 

Una calle de Los Pajaritos, llena de basura por el suelo. - AFP / JORGE GUERRERO

Julia Camacho
16/02/2020

La gran avenida que circunvala Sevilla por el este marca el mapa como una terrible cicatriz. A un lado, uno de los barrios más prósperos de la ciudad, con modernos centros comerciales, hoteles y estadios de fútbol. Al otro, la ajada fachada de modestos bloques de cuatro plantas que da paso a La Candelaria, Madre de Dios y Los Pajaritos, o Los Tres Barrios, la zona más degradada de España según todas las estadísticas y que sobrecogió al relator de la ONU. «Esto es mucho peor que el Polígono Sur (las famosas Tres Mil Viviendas) porque allí al menos las casas son mas nuevas y están mejor que aquí», relata Fernando Armas, miembro de la plataforma cívica del barrio. Algo falla cuando la aspiración es tener las condiciones de habitabilidad de un barrios mítico de la marginalidad.

Con una renta media por hogar de 12.307 euros anuales, Los Pajaritos encabeza el último barómetro del Instituto Nacional de Estadística (INE) como barrio más pobre de España y no se libra ningún oscuro indicador: el paro supera el 59%; la tasa de analfabetismo y de personas sin estudios ronda el 16%; el fracaso escolar en la ESO es del 80% y el 58% de las viviendas están en pésimo estado. Todo el que prospera, dicen las oenegés, se va en cuanto puede, y esos pisos vacíos los ocupan clanes de la droga.

Pisos de 30 metros

Los Pajaritos nació allá por la mitad del siglo XX como un barrio obrero y de aluvión en la entonces periferia de la ciudad. El primer sitio donde paraban muchos recién llegados a Sevilla para labrarse un futuro: pisos pequeños, muchos de ellos de titularidad pública, de poco más de 30 metros cuadrados en bloques sin ascensor. Pero tras el cierre en los 70 de la fábrica de las inmediaciones, que daba empleo a muchos de los vecinos, el barrio inició una espiral de degradación a ritmo vertiginoso que aún continúa, porque las sucesivas crisis se han ido cebando en sus cerca de 33.000 habitantes.

«Te das un paseo y encuentras viviendas con aguas fecales en los portales o los patios interiores, o incluso en la calle; hay enganches ilegales de luz; otras tienen tejados de uralita, algo ya prohibido; tampoco están preparadas para el verano, cuando en Sevilla se alcanzan más de 40 grados», desgrana Armas. Hace años hubo un plan para rehabilitar los bloques más afectados, 524 viviendas, «pero hubo tantos problemas al derribar y volver a construir los dos primeros bloques que, de momento, el proyecto se ha paralizado». Un informe del Defensor del Pueblo andaluz apuntaba ya en el 2003 que solo cuatro de los bloques de Tres Barrios disponían de ascensor, por lo que el resto eran cárceles en vida para cientos de ancianos que no podía salir a la calle sin ayuda. «Podemos ayudar a bajar a 30 o 40 mayores, pero no a tantos», lamenta Pedro Ríos, secretario general de Cáritas Sevilla.

Si salieran, no tienen a donde acudir, porque en Los Pajaritos tampoco hay mucho que hacer. No hay centros cívicos, bibliotecas o centros de mayores pese a que estos son el grueso de los vecinos. Y los quioscos donde comprar algo de beber o unas pipas para pasar el rato en la calle, el pasatiempo favorito, se improvisan de forma clandestina en los bajos de algunos bloques.

Economía sumergida

Una de las cosas que más llamó la atención del relator de la ONU fue que es el tercer sector el que ha ocupado el papel protector de las administraciones públicas. Son las asociaciones quienes suplen la falta de políticas. A ellas acuden los vecinos para poder tener tres comidas al día, también para meter algo en la despensa, ya sea alimentos o productos de limpieza, o en busca de algún empleo. Los trabajos de los vecinos son precarios, con muchas horas y poco sueldo, por lo que el barrio subsiste básicamente con la economía sumergida. «Es una situación de la que no se puede salir. Hablas con los políticos y te transmiten sensación de impotencia», añade Ruiz.

«El contraste es tremendo con el otro lado de la calle; somos una isla de pobreza, y a poco que te pasees por aquí, es terrible», mantiene Armas, quien lamenta que las administraciones han actuado de forma puntual, pero sin estrategia y, por tanto, sin resultados.

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