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ADIÓS PREMATURO A UN FARO INTELECTUAL

Muere Ken Robinson, el hombre que quería resucitar las escuelas

Obsesionado con que el sistema educativo mata la creatividad, pronunció una revolucionaria, emocionante e incluso desternillante conferencia en el 2006 que ha terminado por ser canónica

 

Ken Robinson (Liverpool, 1950 - Lo Ángeles, 2020). -

CARLES COLS
23/08/2020

Pésima noticia a menos de medio mes del inicio del curso escolar. El desierto se ha quedado sin la prédica de Ken Robinson (Liverpool, 1950 – Los Ángeles, 2020), conferenciante sublime que dedicó su vida a advertir que el sistema educativo de prácticamente todo el mundo es una eficaz y lamentable máquina de destruir la creatividad de los niños. Un cáncer ha callado su voz, según ha comunicado su propia familia a través de su cuenta de twitter.

Tal vez no haya mejor homilía para su recuerdo que revisionar la charla TED que le hizo famoso. La pronunció en el año 2006. Lleva ya más de 66 millones de reproducciones. Es amena y a ratos tronchante y, lo que es mejor, con la audiencia con la guardia baja por las risas, logra colar ideas revolucionarias. Si lo profesores impartieran así sus clases, crecerían como champiñones los leonardos, picassos, charlie parkers y gene kellys en cada generación.

El verdadero Informe Robinson

Alcanzó el grado de doctor por la Universidad de Londres con un trabajo sobre la utilidad del teatro dentro del sistema educativo. Tenía entonces 31 años. Apuntaba manera, pero no se intuía aún hasta dónde le llevaría todo aquello. Hizo de sus tesis doctoral la semilla de una obsesión. Defendía con pasión e ingenio la importancia de las artes en un sistema educativo que consideraba disciplinas como la música, el teatro y la danza asignaturas menores. Logró lo impensable. En 1998, el Gobierno de Tony Blair le abrió las puertas y se mostró dispuesto a escucharle. Fruto de aquella oportunidad nació el llamado ‘Informe Robinson’ (sí, como el Michael Robinson, pero no dedicado al fútbol) y que finalmente Ken Robinson destiló en su sensacional conferencia del 2006.

Cuenta en ella, a modo de anécdota, la historia de una niña que al fondo de la clase dibuja en una hoja de papel. La profesora le pregunta qué es. Ella dice que un retrato de Dios. La profesora que nadie sabe qué aspecto tiene Dios. “Lo sabrán dentro de un minuto”, responde la pequeña. De las parábolas, como esta que contaba Robinson en la charla TED, se suele extraer una lección, pero en este caso es tan extraordinaria que ofrecer más de una. La primera, que los niños arriesgan, no tiene miedo de equivocarse. De infundir ese temor ya se encargará con los años la escuela y, mucho más, la primera empresa para la que trabajen. La segunda, que, como dijo Picasso, todos los niños nacen artistas. La tercera lección y principal preocupación de Robinson, que el sistema educativo no está concebido para las inteligencias que salen del carril previsto.

Profesores en una discoteca

El sistema educativo actual nació para satisfacer las necesidades de la industrialización, decía Robinson en el 2006, y ha degenerado en una simple fábrica de producir profesores universitarios, como si fueran la cúspide la evolución humana, tipos para los que sus cuerpos solo son vehículos con los que transportar sus cerebros de una reunión a otra. Así lo expresaba el propio Robinson. Las matemáticas y las lenguas, y jamás la danza o el teatro, son la razón de ser de las actuales escuelas. Invitaba a su audiencia en TED a observar a un grupo de profesores universitarios en una discoteca. Lo decía en broma, pero también muy en serio, él, con sus andares torpes por culp de una poliomelitis infantil.

El sistema educativo, denunciaba, acogerá este año a un nuevo curso de niños en primaria (por ejemplo, en España) que se jubilarán si nada cambia en el año 2080, en un mundo que nadie sabe cómo será, pero se les preparará esencialmente como si aún fuera el del siglo XIX, con la producción industrial como principal meta colectiva. El modelo educativo, sea en el continente que sea, explora las capacidades de los niños, pero dentro de un espectro de opciones ridículamente pequeño.

Robinson, y eso es fácil de intuir, era un incómodo detractor de los informes PISA, obsesión de los gobiernos y motivo de páginas y páginas cada año en la prensa cuando se dan a conocer los resultados. Como todo padre sabe o debería saber, las escuelas dedican jornadas completas a preparar esos exámenes en las jornadas previas a su realización para que la dirección del centro no quede en mal lugar y, ya puestos, para que el país en su conjunto escale, si es capaz, algún puesto en la clasificación mundial de una ‘champions’ que para nada tiene en cuenta la creatividad. Ese era, de hecho, el título de la conferencia que hizo célebre: ¿Matan las escuelas la creatividad? Tal fue el éxito que le invitaron un par de ocasiones más a iluminar con sus palabras la sala. La última fue en el 2013, con otro título sugerente: ¿Cómo escapar del Valle de la Muerte de la educación? Exacto, el Valle de la Muerte, un desierto, allí donde predicaba Robinson.

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