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Llamas sin control de hasta 50 metros calcinan el pulmón de Gran Canaria

Arde el parque natural de Tamadaba, la joya verde de la isla, un lugar de gran valor ecológico. El intenso fuego obliga a evacuar a 9.000 personas después de haber quemado ya 10.000 hectáreas

 

Impresionantes llamas se alzan sobre las copas de los árboles, devorando a su paso la riqueza vegetal de la isla. - AFP / DESIREE MARTÍN

Redacción
20/08/2019

Llamas de 50 metros de altura, más de 10.000 hectáreas afectadas y más de 9.000 personas desalojadas. Esas son las principales cifras que resumen el impacto del pavoroso incendio de Valleseco que desde el pasado sábado castiga la isla de Gran Canaria, aunque lo peor quizá esté aún por llegar: gran parte del frente seguía anoche sin control, en zonas donde el acceso terrestre es inviable tras haber entrado ya en el parque natural de Tamadaba, una joya ecológica con centenares de especies endémicas.

Federico Grillo, el jefe de emergencias del Cabildo de Gran Canaria, hizo antes los medios, el domingo por la noche, una declaración de impotencia que ha resultado profética. «La cabeza del incendio, la que avanza más rápidamente y es más destructiva, es imparable porque la cenizas y el humo que lanza impide a los equipos de extinción actuar allí. Está fuera de toda capacidad de extinción», confesó. No hubo que esperar mucho para que sus negros augurios se confirmaran.

El número de desalojados se multiplicó por dos en solo unas horas, con momentos de especial nerviosismo entre los vecinos que veían cómo las llamas y el humo se acercaban a unas viviendas que debían dejar abandonadas. Grillo explicó que aún no había datos sobre cuántas viviendas se han visto afectadas por el fuego, pero auguró que serían «muchas». En los ocho municipios incluidos en los 75 kilómetros del perímetro que abarca el incendio, están registrados al menos 50 núcleos urbanos.

RESIDENTES CONFINADOS 

Los momentos de mayor tensión los sufrieron durante toda la noche unos 85 vecinos del municipio de Artenara que fueron obligados a permanecer en la población, dentro de un centro cultural, porque era más peligroso salir, rodeado como estaba el pueblo por las llamas y el humo.

Se tendrá que esperar a que termine el incendio para evaluar los daños mediombientales. Además de la destrucción de extensos pinares, habrá que ver el impacto final en la que es considerada la joya verde de la isla, el parque de Tamadaba. Ahí encuentran refugio «decenas de miles de individuos endémicos de Canarias, entre los que figuran una sesentena de especies vegetales terrestres que son exclusivas de Gran Canaria», según explica el director del Jardín Botánico Viera y Clavijo, Juli Caujapé.

La primera impresión tras la entrada del fuego en el parque es que «el daño está siendo menor de lo previsto» inicialmente porque lo ha hecho a menos velocidad, «como si fuera una quema controlada», según Grillo.

PREVISIONES FAVORABLES

Ayer eran 16 aviones y helicópteros los que trabajaban en la zona, a los que hay que sumar otros cuatro que viajaban desde la Península, además de un dron preparado para seguir la evolución del fuego durante la noche. Pese a ello, las principales esperanzas se centran en unas previsiones meteorológicas relativamente favorables. La ola de calor en la que estaba inmersa la isla empieza a remitir. A partir de hoy bajarán previsiblemente las temperaturas y subirá la humedad. «Cuando repasas la mayoría de los incendios, te das cuenta de que acaban cuando acaba la ola de calor que los ha causado», reconoció Grillo.

Las escasas lluvias registradas y las sucesivas olas de calor que ha sufrido la isla han sido el caldo de cultivo de varios incendios, porque el de Valleseco no ha sido el único. Hace dos semanas se quemó otra área de Tejeda, cuyos vecinos tuvieron que sufrir una primera evacuación. En ese caso la chispa que prendió el fuego la causó un vecino que estaba realizando una soldadura.

El ministro de Agricultura en funciones, Luis Planas, que acudió a la isla para seguir de cerca de las tareas de extinción, aludió también a las consecuencias de una crisis climática que «acentúa los fenómenos extremos», como las olas de calor y las sequías.

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