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CRISIS SANITARIA

Semana Santa en Córdoba: sin procesiones, pero con altares

El estado de alarma que ha obligado a suspender la Semana Santa aviva una tradición que permite a muchas familias mantener la devoción en casa

 

Araceli R. Arjona Araceli R. Arjona
09/04/2020

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Altares y balcones para una Semana Santa marcada por el coronavirus.

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Semana Santa íntima, de puertas adentro, familiar. La del 2020 no será una Semana Santa al uso. En pleno estado de alarma, con el confinamiento decretado aún vigente en toda España por la epidemia del coronavirus, cientos de familias cordobesas han decidido mantener la devoción en casa instalando altares domésticos. Se trata de una antigua tradición que, según relataba en los años 70 el ya fallecido cronista de la ciudad Miguel Salcedo Hierro, permitía a las familias mostrar su misticismo y recogimiento, «como si para tener una mayor participación en la liturgia de las fechas, alargasen el Misterio trayéndolo del templo en religiosa importación para que el domicilio pudiera ser considerado como una prolongación de la iglesia».

En aquellos años, el altar se instalaba tal día como hoy, Jueves Santo. En pleno siglo XXI, el aislamiento forzoso ha adelantado esta tarea y son muchos quienes decidieron el mismo día en que se anunció el estado de alarma confeccionar su altar doméstico en la zona más noble de la vivienda.

Esta tradición no llegó a morir nunca porque muchas familias han seguido manteniendo la costumbre de crear sus altares en estas fechas, pero ha cobrado mayor fuerza este año en el que, más que nunca, la procesión va por dentro.

El párroco de la Trinidad, José Juan Jiménez Güeto, ha animado a hacerlo a través de las redes sociales con el hashtag #mialtardomestico y la respuesta ha sido masiva. Las imágenes y ornamentación que componen estos altares populares tienen mucho que ver con la devoción de cada cual y el arte que tenga cada uno para realizar composiciones más o menos bellas.

La familia Salto Reina es una de las que tiene uno en su salón. Antonio, maestro e imaginero, ha creado un altar doméstico con una Dolorosa y una imagen del niño Jesús inspirado en uno de la parroquia de la Trinidad, al que viste de nazareno con el hábito de la Hermandad de la Santa Faz. Completan la composición una serie de candelabros, medallas de varias hermandades y flores. «Algunos años, por falta de tiempo, no hemos puesto el altar, pero este año no podía faltar, lo preparamos al día siguiente del inicio del confinamiento», explica Antonio y los suyos que, a diferencia de otras hermandades pudieron hacer el quinario y el besapiés al principio de la Cuaresma. «Son fechas tristes, de sentimientos encontrados por las personas que hay enfermas o quienes han muerto y no tienen derecho al abrazo de los amigos», afirma.

Francisco Mira también ha dispuesto un altar en su casa. «El fondo es un tapiz bordado de Pepe Rincón con la Virgen del Rosario de una litografía del siglo XVIII», explica, «en el altar está también un niño Jesús sentado de anticuario al que llamamos el Lorencito en homenaje al barrio de San Lorenzo en el que vivo». En su altar se ve además la foto del Señor del Calvario, la medalla de la hermandad y una serie de abalorios que completan la decoración. El detalle curioso es un alfiletero. «Soy vestidor de imágenes y lo he colocado en homenaje a todos los vestidores que no hemos podido hacer uso de nuestros alfileres este año», sentencia.

En el domicilio de Pilar Fonseca, el altar doméstico está compuesto por una Virgen María para vestir de un metro de altura situada en una hornacina vestida de morado con corona de espinas y un niño Jesús. Hermanos del Perdón y la Santa Faz, confiesa que en casa no son muy cofrades, aunque sí muy religiosos. «El viernes de Dolores le pusimos las velas adornadas y el niño Jesús a los pies, un rosario y palmas de otros años, en recuerdo del tiempo que vivimos», explica Pilar. Según relata, la familia ofrece cada día una oración «por todos los que están sufriendo». En el balcón, una vela y un incensario completan el conjunto.

El restaurador y dorador Rafael Barón recibiría en su zaguán a las visitas, en caso de que esa opción fuera posible, con un altar en el que se ve la escultura de un crucificado con distintas piezas doradas y unas fotos de la Virgen de la Merced, del Cristo de la Coronación, la Salud, los Dolores y la Virgen del Carmen de San Cayetano. «Normalmente, montamos el altar decorado con flor cortada», explica, «pero este año no hay y por eso hemos colocado las macetas de azalea».

El periodista Manuel Serrano cuenta también en su casa con un altar doméstico desde el inicio de la Cuaresma, el miércoles de ceniza, que permanecerá hasta el Sábado Santo. «Es un altar tradicional», comenta, «con una imagen de finales del siglo XIX de la bisabuela de mi mujer, Pepa Carmona cuyas raíces están en Montilla y Montemayor». Se trata de una Dolorosa rodeada de velas y medallas de las hermandades a las que pertenece la familia (Misericordia, de la que el abuelo de Serrano fue cofundador, Angustias y Esperanza).

Ricardo Baena y su familia han realizado un altar especialmente «semanasantero» con la biblia y la imagen del Cristo, situado siempre en un lugar privilegiado de la casa, ataviado ahora con una mantilla en la cruz arbórea. En la composición se encuentra también el capirote de uno de los hijos de Ricardo y las medallas de las hermandades del Císter, la Esperanza y la Providencia. Según su relato, «este año está siendo una Semana Santa especial, muy familiar, en la que hemos recuperado la tradición de rezar el rosario por las tardes todos juntos a través de videoconferencia por el confinamiento», comenta. En su opinión, «hay que sacar siempre algo bueno de las cosas malas y nosotros hemos descubierto otra forma de vivir la Cuaresma». Cofrade y capataz en varias hermandades, estos días mantiene encendidio el cirio pascual.

En casa de Belén Martínez, trabajadora social, este es el primer año que instalan un altar doméstico. «Normalmente ponemos incienso y la biblia en el salón, pero este año, para no perder el sentido de la Semana Santa, hemos decidido instalar uno», señala. Para ello, han colocado en el salón un cristo crucificado con la Virgen a los pies, la biblia y una vela que simboliza la necesidad de «mantener la esperanza», recuerda. Hermanos del Vía Crucis, el lunes sacaron a la ventana una vela por la estación de penitencia y ayer su hija, que debía haber salido de nazarena con la Santa Faz «se vistió y organizó una videoconferencia con otras compañeras».

EN LOS BALCONES / La devoción que reflejan los altares domésticos también tiene su reflejo en muchos balcones de la ciudad. Uno de los más animados estos días es el de Álvaro Fedriani y su familia, en la calle Alhakén II. Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual y hermano de la Sentencia y la Misericordia, ha colocado mirando a la calle los carteles de la Sentencia, Gracia y Amparo, Misericordia y Lágrimas en su Desamparo junto a telas rojas y palma rizada, e imágenes de San Rafael y los señores de Córdoba, El Rescatado y Nuestra Señora de los Dolores Coronada. En casa, explica, suelen tener un altar perpetuo con un crucificado, pero este año, dadas las circunstancias, Álvaro decidió sacar su devoción por el balcón y compartirla con toda la calle así que coincidiendo con la hora de los aplausos pone música de marchas procesionales adaptadas a la devoción de cada día e incienso. Los domingos, además, todos juntos dedican una oración por la salud de todos y en homenaje a los difuntos. Animador improvisado de la cuarentena en toda su calle, no solo pincha este tipo de música sino que la alterna con un amplio repertorio de temas que va desde Massiel a Raphael o Manuel Carrasco y que concluye con algún toque de Semana Santa. «De momento, no ha habido quejas», asegura, «todo lo contrario, la gente está muy contenta y agradecida». Y es que, en su afán de que el ánimo no decaiga por culpa del aislamiento, ya se ha hecho con la fecha de los cumpleaños de los vecinos, a los que todos cantan en su efemérides. Además de la oración correspondiente, «los domingos a las 13.30 horas quedamos para las cervecitas vecinales y jugamos al bingo, al Veo Veo o a acertijos». Todo sea por mantener el espíritu bien alto.

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3 Comentarios
03

Por Francisco Fedriani Herrera 19:52 - 09.04.2020

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A ti, vecino cobarde, que te escondes en el anonimato y que has denunciado a los que animosamente nos reunimos en los balcones, quiero que sepas que te hubiera bastado dar la cara y solicitar que se quitara la música para que lo hubiéramos hecho, aunque no alcance a comprender qué es lo que te molesta, si la música, si el buen ambiente que se ha generado en la calle o cualquier otra cosa que tú sabrás. No obstante, me ha reconfortado que minutos después de este incidente, sonara espontáneamente desde otro balcón o ventana, que no he alcanzado a ver, el himno de la legión y una saeta, así es que me da que te va a salir un callo en el dedo de marcar en el teléfono, porque la calle no está por abandonar la costumbre que nos ha unido como vecinos.

02

Por Francisco Fedriani Herrera 19:51 - 09.04.2020

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Hoy, mientras sonaba la marcha “Córdoba Cofrade”, nos ha sorprendido la visita de una pareja de la policía local que nos ha requerido que apagáramos la música, con la explicación de que “aunque no estábamos en horas de descanso, la misma no podía trascender al exterior de la calle”. Como somos gente de orden, hemos obedecido inmediatamente al agente que en un tono, bajo mi punto de vista, poco apropiado nos ha conminado a ello, no sin terminar manifestando que “quedan apercibidos”. Tengo que manifestar que en un primer momento me ha decepcionado la actitud del agente, por prohibir una iniciativa inofensiva y que es del agrado del vecindario, y que como es notorio se ha extendido por todas las calles de nuestra España, en la que suenan himnos, canciones, instrumentos …, aunque pronto he pasado a pensar que, cuando se levante el estado de alarma y la calle Alhaken II vuelva a recuperar en sus fines de semana la aglomeración de personas junto a los bares de copas, se acabará el olor a marihuana, los orines en los portales, la peripecia de acceder a nuestras cocheras por la ocupada calle Fernando de Córdoba de personas que pierden el equilibrio, los cristales rotos en las aceras, los gritos y peleas a las 5 de la madrugada y que ya no será necesario llamar a la Policía Local para que nos responda que no pueden venir porque hay pocos efectivos de servicio. (continua)

01

Por Francisco Fedriani Herrera 19:49 - 09.04.2020

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En primer lugar agradecer a Araceli que se haya hecho eco de lo que desde el domingo 15 de marzo se viene produciendo en la calle Alhaken II, a la que progresivamente se han ido uniendo vecinos de la calle Fernando de Córdoba, Gran Capitán y hasta de la calle La Bodega. Como bien se recoge en el artículo que comento, desde esa fecha y por iniciativa de mi hijo Álvaro, se ha venido reproduciendo el himno nacional al tiempo que sonaban los aplausos a sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, transportistas, reponedores y al largo etcétera de personas que hacen posible que los demás estemos confinados intentando vencer lo más pronto posible al virus. Tras los aplausos, y a lo largo de los días, con el agrado de los vecinos, se han ido sucediendo el ya mítico “resistiré” y otros temas musicales que espontáneamente le solicitaban desde los balcones, incluyendo canciones infantiles para los más pequeños de la calle, que daba gusto ver sus caras de felicidad al sonar los temas que pedían. Al sucederse los días se ha conseguido poner nombre al que antes era el vecino de enfrente, de tal forma que hoy, vigésimo sexto día de convivencia vecinal, ya existe un clima de confianza que ha propiciado que se mantengan charlas entre los balcones. Ya todos conocemos nuestros nombres, a qué nos dedicamos, nos hemos cantado cumpleaños feliz y hasta sabemos el nombre de las mascotas de la calle. Todo esto le resultará familiar a quien siga “mi diario del coronavirus” de María Olmo publicado en este mismo periódico. A todo ello sucedió la propuesta de la llamada “cervecita vecinal” que institucionalizamos los domingos a las 13,30 horas, en la que salimos a los balcones y ventanas, copa en mano, a charlar. (continúa)