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CARTA ILUSTRADA

¿Vamos a seguir ignorando el problema de las palomas?

 

Las palomas deterioran los edificios con sus excrementos y producen suciedad, señala este lector. - MANUEL MURILLO

Manuel Rodríguez Moyano / Córdoba
08/12/2019

Pasó la legislatura de la coalición PSOE-IU y, al producirse el cambio a otras nuevas formaciones, muchos nos dijimos: vaya, ya era hora, por fin estos se ocuparán de erradicar de nuestro incomparable casco histórico el problema que crea a sus, cada vez menos, habitantes y a sus, cada vez, mayores cantidades de turistas, la suciedad que produce la gran cantidad de palomas que habitan, crían y se reproducen en los edificios públicos y privados, buena parte de ellos declarados monumentos intocables... Excepto por esas «ratas voladoras», como se les ha llegado a llamar.

Y es que no hace falta ser muy avispado para observar, simplemente dando un paseo desde la calle Claudio Marcelo a la Mezquita-Catedral por el eje García Lovera, Ambrosio de Morales (echar un vistazo a la calle del Reloj), Marqués del Villar, Plaza de Jerónimo Páez, Horno del Cristo. Rey Heredia y Encarnación, un paso de numerosos visitantes de fuera de la ciudad, que se ven obligados a circular por la parte central de estas vías si no quieren verse recibidos con la impronta de bienvenida de estos animales sobre sus cabezas o ropas. Esto amén del desagradable hedor que desprenden sus excrementos ya incrustados en las aceras y que el baldeo no logra extraer.

He leído en estos días en nuestra prensa provincial cómo una considerable cantidad de pueblos han seguido la iniciativa de otros que anteriormente hicieron lo mismo, suministrando a estos volátiles un alimento impregnado en un producto que les impide la reproducción.

Incluso tenemos en Córdoba una casa comercial que se dedica a ello.

Ante este problema que sufrimos a diario los que todavía habitamos la parte más bonita y cultural de nuestra bella ciudad, que vemos cómo se van deteriorando los paramentos exteriores de piedra y las tejas por la acción corrosiva de estos detritus animales, pedimos a la nueva Corporación que no meta la cabeza bajo el ala y lo aborde de la incruenta manera expuesta o de otra que posiblemente existirá. Haciéndolo, habrá hecho un bien a los bienes y monumentos públicos y privados, a lo que está obligada, a la vez que nuestros turistas y transeúntes habrán dejado de recibir un regalito de bienvenida impropio de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

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2 Comentarios
02

Por COMECOR 12:07 - 08.12.2019

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Todo es cuestión de querer. Y hay muchos métodos y procedimientos, no para erradicarlas por completo, porque eso es imposible. Ya lo decía el Guerra: Lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible. Lo que hay que tener es voluntad, y concienciarse de ese grave problema. Y, sobre todo, coger al toro por los cuernos, y que alguien, de una puñetera vez, le ponga los cascabeles al gato.

01

Por COMECOR 11:58 - 08.12.2019

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Se ha escrito mucho, a lo largo de los tiempos, de las palomas y de los peligros, los problemas y de las enfermedades que transmiten. No sólo las ciudades están plagadas de palomas. En todos los pueblos se dan las mismas circunstancias ocasionadas por esta plaga, una más, como también lo son las cucarachas y las ratas. Tres plagas muy difíciles de erradicar. El problema es muy gordo. Y lo es porque se ha dejado pasar, esa cualidad que todos sabemos que es peor que no hacer nada. Y, tanto las palomas, como las cucarachas y las ratas, no son problemas de izquierdas o derechas, ni de progresistas o conservadores. Tal vez, yo diría que son más culpables, esos que se dan de ecologistas, que lo son para su conveniencia personal, esos llamados animalistas que lo único que proponen es que no se mate al animal. Y no se dan cuenta de que desde que existe el planeta tierra, existe la ley de la selva o ley de la supervivencia. En la postguerra, no había apenas palomas. Eran bocados exquisitos para paliar el hambre. Hoy, apenas se consumen. Y además, el problema de las palomas es tan complicado, que, incluso en ciudades tan emblemáticas como Venecia, vemos que la Plaza de San Marcos está plagada de palomas.