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Tormenta de verano

Valentín

 

Cuando hay tantos ruidos, tantas urgencias, y tanta banalidad, la celebración de san Valentín en una sociedad laica llena de ídolos de usar y tirar se convierte, en el mejor de los casos, en una cursilada para cupidos nostálgicos, en otro señuelo para el consumo, para los ramos de flores o rosas sueltas según gustos, joyas o baratijas según los bolsillos, en otra fiesta devaluada de cenas románticas de pareja en restaurantes con orquesta, de mensajes encendidos de amor eterno vía whatsapps y de juramentos que se lleva el viento.

Es bonito enaltecer el amor pero, claro, el de verdad. No este sucedáneo compartimentado entre el día del padre, la madre o la pareja, que cosificamos y edulcoramos con un regalo. Otra versión del sistema que nos dice lo que tenemos que celebrar, cuándo y cómo, con su correspondiente presupuesto. El amor hay que celebrarlo cada día, cada instante y en todas sus dimensiones, no necesitamos de convocatorias publicitarias de 2x1. Además, el amor verdadero es gratuito, no pasa por caja. Hemos transitado de ese bien absoluto, por el que todo se entrega, que todo lo disculpa, que no tiene límites, que todo lo cree y lo puede, que no pasa nunca, a un amor banal, de flechazo televisivo, de barra de garito de copas que se ha frivolizado. Todo es recambio, según y cuando me interese. Ahora, los amores de película hay que buscarlos en las comedias románticas, aunque también la prosa del día a día nos ofrece muestras silenciosas de entregas totales, de esas que están a las duras y a las maduras, pero que no se encuentran de moda ni son el icono en el que se refleja nuestra sociedad, tan acostumbrada a una interpretación de la libertad sin responsabilidades, que se basa en hacer lo que cada uno quiera, enalteciendo el individualismo por encima del otro. Y no hay felicidad sin el otro.

Con el florecimiento temprano de los almendros, celebremos este día que se inició con la historia de aquél Valentín, sacerdote del siglo III, que casaba en la clandestinidad a jóvenes de matrimonio prohibido, perdiendo por ello la vida bajo el mandato del emperador romano, y que pocos conocen ya. Hoy, realmente sería el día para enamorar a quienes tenemos al lado, más que con regalos, con atenciones de acogida, con gestos de encuentro, con palabras de cariño, con escucha activa, con miradas cómplices; ser la mejor versión de nosotros mismos en todos los recodos del día, con todos aquéllos que se crucen en nuestro caminar. Hoy es el día para besar el alma, la piel la besa ya cualquiera.

* Abogado y mediador

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