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Al paso

Traicionar a un amigo

 

Los partidos vascos, en 2016, tuvieron la deslealtad de proponer una ley mal llamada de abusos policiales para beneficio de aquellas supuestas víctimas que sufrieron la barbarie policial. Manda huevos tanto uso fraudulento del sistema por parte de las élites nacionalistas que, con las competencias que la propia Constitución concede, no paran de denigrar un país tan plural como el nuestro. Y así, dicha Ley salió adelante, pero fue recurrida en inconstitucionalidad por Rajoy. Normal porque la realidad, ya sea en el País Vasco o Andalucía, es que los Cuerpos de Seguridad son un servicio por y para el pueblo. Que luego haya excepciones de mal nacidos que usan el traje para practicar la desproporción, no es algo institucional sino personal y en muchos casos psiquiátrico. De hecho, el GAL fue desarticulado pronto por la propia Policía. Pero aprobar una ley que legalice la existencia de la criminalidad policial a nivel de institución durante el periodo de 1977 a 1999 en Euskadi, es justificar el terrorismo como una guerra de guerrillas contra la opresión del invasor más fuerte; o sea, una paranoia tendenciosa contra la Constitución más bella y estable que han tenido los españoles, incluidos los vascos con ese concierto económico privilegiado. Escribo ahora esto porque es tema de actualidad. Pero no pretendo electoralismo. A día de hoy soy de esa masa afortunadamente pensante que aún no sabe a quién votar; y es que la duda en política es bella. Pero la retirada del recurso de inconstitucionalidad por parte del actual Gobierno es traspasar una línea roja que muestra un vomitivo aferramiento al poder a costa de sacrificar posiciones fundamentales que unen y deben unir una sociedad democrática. Se puede dar cabida a todas las opiniones y tratar de ser un buen árbitro. Incluso apruebo pactar con los nacionalistas porque ello se puede ver al contrario de cómo lo analizan las derechas, es decir, no es romper España sino atraer a los nacionalistas a ella. Pero otra cosa muy distinta es el precio a pagar para tener apoyos nacionalistas en la investidura. El sufrimiento de la Policía por cumplir con sus deberes hasta a costa de morir en terribles atentados no merece mercadeo alguno. No es no y las grandes personas y por tanto los grandes políticos se caracterizan precisamente por ser capaces de renunciar a la gloria si es a costa de la traición a un amigo. Ese amigo traicionado con la retirada del recurso contra la Ley de Abuso Policial es la dignidad y el honor de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Porque después de sacrificar la vida en cumplimiento de un deber tienen que consentir que una ley los llame cobardes. Perdón, pero me da ganas de escupir.

* Abogado

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