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Dame fuego

Traición al régimen

 

David Márquez David Márquez
10/04/2020

Los descubrí después de la lluvia, desde una ventana (no diré dónde), allí en un campo barrido pocos días antes por el herbicida, donde sobrevive un pequeño grupo de adultos limoneros. Primero escuché a los niños; eran tres. Ya los enfocaba con mis binoculares cuando apareció la rubia, mujer en la treintena, acompañándolos en su escapada. Salí al bancal sigilosamente; uno de ellos se detuvo, enfocándome desde la lejanía, para volverse corriendo y soltar algo como «¡hay un hombre!». Los otros imitaron a su compañero y modificaron sus posiciones. Yo dejé de mirar, callado (lo confieso), y entré en la casa mientras me llegaba la voz tranquilizadora de la mujer. Una vez más rescaté los binoculares buscando la escena. Allí se movían los cuatro, detrás de una fina película de lluvia, protegidos bajo los árboles, atrapando limones: mujer y tres niños. Confieso (que mi conciencia me perdone) que comencé a relajarme y sentir verdadera simpatía hacia ellos. Nimbostratos bien cargaditos iban alternando las sombras del encuadre, con la mujer de espaldas y los pequeños correteando, aplicados en su cometido. Entonces recordé mi deber como ciudadano responsable y obediente al Protocolo, e imaginé la posible secuencia ahí abajo, si decidía llamar a las Fuerzas y Cuerpos. Tendría que prevenirles para que actuaran con precaución, aparcando el coche patrulla más arriba, con el fin de cazar a los infractores por sorpresa. Nada menos que cuatro, ¡cuatro personas al aire libre, paseando juntas! Imaginé el discurso conminatorio del Soldado, la multa y disciplinada retahíla por el bien de ellos y ella, todos y toda. Y aquí experimenté una desagradable sensación de idiotez profunda. Algo que no me gustó nada y que se evaporó cuando persistí recreándome en la fabulosa, bucólica escena de la mujer y los niños robando limones. Así estuve un buen rato, en paz absoluta, y gocé, lo admito. ¡De acuerdo, enciérrenme, sí, y que el Bendito Ministerio se apiade o me lleve preso! Lo aceptaré con el primer mandamiento del Régimen: Responsabilidad.

(Nota: poned más glifosato, chicos, y añadid algo de lejía también, por si acaso vuelven).

* Escritor

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