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Para ti, para mí

Soneto de la desesperación

 

Antonio Gil Antonio Gil
12/07/2019

El poeta José Hierro, después de muchos coqueteos, se reunió con la muerte. Casi al final de su vida, nos dejó un soneto extraño pero intenso, titulado Vida. Curiosamente algunos poetas lo han definido como el «soneto de la desesperación». En su desnudez y frialdad, nos araña el alma de preguntas: «Después de todo, todo ha sido nada, / a pesar de que un día lo fue todo. / Después de nada, o después de todo / supe que todo no era más que nada». El soneto de la desesperación, dirán algunos. No importa. José Hierro seguía buscando sin descanso, a pesar de que el «todo vivido» se había ido convirtiendo en nada. Fue la desesperación de haber perdido lo que un día fue todo. En esos versos duros, retorcidos, late, sin duda, no solo la búsqueda sino el deseo de encontrar, como ocurre tantas veces en tanta gente, que camina sin descanso, con hambre y con sed, sin un vaso de agua limpia y cristalina o un trozo de pan candeal para llevárselo a la boca. «No queda nada de lo que fue nada. / (Era ilusión lo que creía todo / y que, en definitiva, era la nada)». Algo o mucho de una desesperación sin fondo nos invade estos días, previos a la investidura del presidente del Gobierno. Parece que no hay manera y, de pronto, parece que las soluciones ya están tomadas. Ha surgido, está surgiendo la silueta del hombre posmoderno que, según el sociólogo francés Michael Maffesoli, es un hombre estético, un hombre del que han desaparecido las convicciones fuertes, que ama mucho más las relaciones cara a cara en espacios pequeños, que busca la calidad de vida en diversas dimensiones, que valora nuevos elementos de su vida privada. Hemos pasado del concepto de ciudadano a uno cuyo eje es la propia persona. Quizás por todo esto, nos viene bien recordar los versos de José Hierro, invadido también por esa desesperación que en esta hora sienten muchos ciudadanos de a pie: La impotencia de no poder solucionar problemas que nos agobian, por la ineptitud de quienes tienen la fuerte obligación de solucionarlos. Lo peor sería que esa «desesperacion» se conviertiera en tragedia.

* Sacerdote y periodista

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