+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Las fronteras indecisas

Sin memoria no hay democracia

En gran medida hemos construido nuestra identidad colectiva sobre los silencios y el olvido

 

Sin memoria no hay democracia -

Octavio Salazar Octavio Salazar
11/12/2017

Somos un país desmemoriado y tal vez ello explique la imposibilidad que seguimos teniendo para construir una convivencia armónica y, sobre todo, para asumir el gozo que implica vivir siempre en el mestizaje, derribando fronteras, concebida la igualdad como presupuesto que nos permite reconocer las diferencias. En gran medida hemos construido nuestra identidad colectiva sobre los silencios y el olvido, lo cual tiene como terrible consecuencia que muchos sigan ocultos tras las banderas e inmovilizados en su trinchera. Una sociedad que no es capaz de quitarse las máscaras está condenada a vivir permanentemente en la angustia y, sobre todo, a prorrogar la humillación de quienes en un determinado momento de la historia fueron pisoteados o, en el peor de los casos, directamente exterminados. Cuando estamos a punto de cumplir 40 años de sistema constitucional, necesitamos de una vez por todas hacer un ejercicio de memoria, es decir, de justicia, por más que ello suponga recolocar determinadas piezas en los mapas por donde un día danzaron nuestros afectos.

En mi caso, nunca podré negar que gran parte de la memoria de mi infancia, esa patria en la que están abiertas todas las posibilidades, está ligada al colegio donde empecé a ser el hombre en que me he convertido. Un colegio que con su nombre, Ángel Cruz Rueda, rinde honores a alguien que tuvo un papel directamente responsable en la aniquilación de muchos y muchas maestras republicanas. Una paradoja, por tanto, y yo diría que hasta un horror, que ese sea el sujeto que todavía hoy continúe amparando la sagrada labor que se desarrolla en ese espacio cívico esencial que es una escuela pública. Ni los poderes públicos, ni por supuesto los cómplices y silenciosos egabrenses, han hecho nada por superar un lastre que nos impide mirar con un mínimo de decencia a lo que ha sido una historia en la que, no lo olvidemos, hubo unos vencedores que durante 40 años cortaron las alas de los vencidos. Y esa historia no solo debería por supuesto contarse en los colegios, sino que también debería tener su correlativa expresión en un imaginario colectivo en el que los abusadores deberían estar en el lugar que justamente le corresponde: no en el de los homenajes, sino en el de la condena más firme por parte de quienes nos consideramos demócratas. Ello pasa por borrar las huellas de su poderío en lo público, en los espacios compartidos, en los relatos que deberíamos construir sobre una historia aprendida no desde la equidistancia sino desde criterios de justicia democrática. Porque es imposible que esos espacios sean acogedores de lo diverso, es decir, radicalmente democráticos, si continúan teniendo el rostro de quienes negaron la igual humanidad de quienes no pensaban como ellos.

Por todo ello, creo que el reciente dictamen que ha realizado la Comisión Municipal de Memoria histórica de nuestra ciudad no debería suscitar el mayor reparo ni siquiera el más mínimo debate en un Pleno del Ayuntamiento. Me cuesta trabajo encontrar argumentos pensados desde el más hondo sentido de la justicia que puedan justificar no tener en cuenta sus conclusiones, más allá de los que algún grupo siempre puede esgrimir por intereses electoralistas o para no perder el carácter reaccionario que difícilmente esconden tras una fachada de modernidad. La ciudad entera debería ser la que pidiera a gritos que sus calles y plazas se conviertan, desde el mismo nombre que las identifica, en espacios donde habite el pluralismo, el reconocimiento del otro y la otra y, por supuesto, el homenaje a quienes con sus vidas dieron ejemplo de una actitud ética de la que todas y todos deberíamos aprender. Lo contrario es mantener la complicidad, aunque solo sea por omisión, con quienes durante décadas negaron la dignidad de los contrarios. Tal y como hizo el impresentable señor que hoy continúa dándole nombre al colegio donde yo empecé a hacerme un hombre en libertad.

* Profesor titular acreditado al Cuerpo de Catedráticos de Universidad (UCO)

Opinión

May salva el primer escollo

Diario Córdoba

El pequeño Salah

Miguel Santiago Losada

La perversión

José Manuel Ballesteros Pastor

Vacuna de información

MARÍA González Cano-Caballero

Tipejos de interés

Cristina Pardo

Mi gran noche

Manuel Muñoz Rojo

Nada, que no hay manera

Ángel Pessini Tevar / Córdoba

Ana Sáenz, ‘Pipa’

Diario Córdoba

Marina Castaño

Diario Córdoba

Lectores
Carta ilustrada

Nada, que no hay manera

Nada. Que no hay manera de que adecenten los arcos tapiados del Patio de los Naranjos. Esta ...

CARTAS AL DIRECTOR / CALLEJERO

¿Y la calle de Berhanyer?

Hoy han decidido el cambio de nombres fascistas del callejero, cosa que me satisface, pero a la ...

CARTAS AL DIRECTOR / ENSEÑANZA

Segrego a mi hijo

Estoy esperando que la policía llegue a mi casa, porque seguro que la Junta de Andalucía ya me ha ...

CARTAS AL DIRECTOR / AGRADECIMIENTO

Al hospital Reina Sofía

Una vez pasados los días de hospitalización de mi esposa, deseamos expresar nuestro agradecimiento ...