+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

EL SEÑORITO ANDALUZ

 

MANUEL Villegas Ruiz
24/05/2013

Nuestra querida tierra, Andalucía, se ha caracterizado a lo largo de la historia por muchas cosas típicas y otras tópicas. Ya desde la Antigüedad eran famosas en los pantagruélicos banquetes que celebraban los romanos, las "bailaoras" gaditanas. Cicerón en su discurso en defensa del poeta Arquias nos habla de ellas diciendo que la gracia, encanto y sensuales movimientos de los bailes encandilaban y encantaban a los patricios romanos, quienes después de los banquetes se las disputaban y pagaban altas cantidades por disfrutar en privado de sus encantos.

También era un manjar exquisito una salsa que igualmente se fabricaba en Andalucía, parece ser que preferentemente en Cádiz y que se enviaba a Roma para disfrute de los que podían comprarlo. Su invento, según los eruditos, fue en Grecia, pero el que adquirió más fama, renombre, altísimo precio y dificultad en conseguirlo fue el de Cádiz, donde todavía hoy se puede ver una factoría de fabricación de garum en la ciudad de Claudio Baello en las proximidades de Zahara de los Atunes. Igualmente ya de esa época llegaba a la capital del imperio nuestro aceite que era uno de los mejores premios que se podía conseguir en una competición atlética, pues se usaba para lubricarse el cuerpo. Tampoco podemos dejar atrás nuestros vinos y demás productos que hacían las delicias de los paladares más exigentes. No queremos entrar en más enumeraciones de tantos bienes típicos andaluces, ya que, posiblemente, no acabaríamos. Igualmente hoy día los andaluces podemos seguir sintiéndonos orgullosos de todo lo bueno que tenemos.

También hemos padecido muchos tópicos: la perezas del andaluz (bien ha demostrado fuera de nuestra tierra que tenía un pellejo para trabajar como el más esforzado). Nuestro genio alegre y dispuesto a disfrutar de la vida aunque las penas y la hiel colmaran nuestro ánimo. Y como ésos, muchos más que sería largo de enumerar. Pero quizá uno de los más perniciosos ha sido el del "señorito andaluz". Esta denominación se acuña desde mediados del siglo XIX y con ella comúnmente se calificaba como tal al poseedor de grandes o no tan grandes latifundios, cortijos, extensiones de tierras sin cultivar, etcétera, la mayoría de las veces heredadas y que en algunas ocasiones se remontaban a los tiempos de la Reconquista, y que sólo vivía de las rentas de los mismos, sin, como vulgarmente se dice, "dar un palo al agua", y que lo único que sabía hacer bien era aprovecharse de los trabajadores de sus campos, modernos siervos de la gleba, a los que explotaba al máximo. Se le caricaturizaba sobre un caballo, con pantalones, botas de montar, espuelas, sombrero cordobés y chaquetilla corta, recorriendo sus extensos predios y subyugando a sus jornaleros.

Hoy día nos encontramos con que, por estas nuestras tan queridas tierras andaluzas y también por el resto de nuestra amada España, ha surgido, casi por generación espontánea, una nueva ralea de "señoritos andaluces" que no tienen nada que ver con los así denominados desde antaño. Son de nuevo cuño, sus fortunas, en algunos casos, superan a las de los antiguos. Poseen muchas y grandes mansiones, no montan a caballo, como no sea que tengan cuadra propia, sino que conducen vehículos, algunos blindados, de alta gama. Sus propiedades no se remontan a los tiempos de la Reconquista, sino que a lo sumo tienen una antigüedad de, poco más o menos, treinta años. Tampoco, como los antiguos, "dan un palo al agua", pero eso sí, asisten a muchas reuniones, comisiones, sesiones de trabajo, porque están remuneradas con sustanciosas dietas, aunque en algunas de ellas se les vea dormitar, leer el periódico o perder el tiempo con los videojuegos de última generación. ¿Quiénes son estos señoritos de nueva generación? Son una casta de trepas que carecen de toda clase de escrúpulos y que su único fin es prosperar, aunque para ello tengan que traicionar, engañar, malversar, robar y disponer a su antojo de unos bienes que son del pueblo.

¿De dónde vienen? De cualquier lado. Muchos de ellos no han trabajado en su vida. Algunos son analfabetos prácticos. La mayoría el nivel más alto que han alcanzado en sus estudios ha sido culminar los más elementales, aunque, por las leyes de la Enseñanza, no hayan tenido que esforzarse ni lo más mínimo para ello.

¿Dónde los encontramos? En la política, en los sindicatos, en los organismos oficiales aunque no hayan superado ninguna oposición, en fin, por doquier. ¿Qué están consiguiendo con ello? Desilusionar, desesperanzar y aburrir a los ciudadanos a los que engañan, defraudan, subyugan con impuestos y leyes, en algunos casos, absurdas. ¿Cómo consiguen todo aquello de lo que disfrutan de forma ilegal? Succionando la teta de la gran vaca que se forma con nuestros impuestos, cobrando comisiones indebidas que al final también recaen sobre los ciudadanos, en fin, de mil maneras y ninguna lícita. ¿Cuál es la solución? Podría ser muy simple y práctica, si no hubiesen formado un entramado de clientelismo que hace que el poder nunca salga de sus manos. Lo ideal sería repudiarlos y retirarles de forma total nuestra confianza y no volver a darles la oportunidad para que jamás volviesen a ser los nuevos señoritos, ya no de Andalucía, sino de toda España y, que, como las garrapatas, no volviesen a chuparnos más la sangre. El acabar con todo esto está en manos de los ciudadanos.

* Doctor en Filosofía y Letras

Opinión

«El Córdoba somos nosotros»

Manuel Fernández

Lista negra

Joaquín Pérez Azaústre

Y Putin sigue...

José Manuel Cuenca Toribio

Fullería o coherencia

Miguel Valcárcel

Obreros de la toga

Francisco García-Calabrés Cobo

Lectores
CARTA ILUSTRADA

De enemigos a amigos

Visto lo visto, entre Pedro y Pablo, después de todos los tejemanejes tras la moción de censura, ...

CARTAS AL DIRECTOR / ELECCIONES GENERALES

Pirómano progresista

Con cara compungida dice ahora que sí habrá gobierno de coalición. Pudo hacerlo hace siete meses ...

CARTAS AL DIRECTOR / PREACUERDO DE GOBIERNO

Llega Xipras. Europa, sálvanos

¿Por qué ha caído Albert Rivera de 57 escaños a 10? Porque estuvo seis meses pudiendo posibilitar ...

CARTAS AL DIRECTOR / EN EL DÍA DE LAS ELECCIONES

El amigo Nicolás

Nuestro amigo Nicolás tiene 93 años. Trabajó en el campo desde muy joven. Después, huyendo de la ...

   
4 Comentarios
04

Por cordoba 15:27 - 24.05.2013

Lo peor de todo es el "imitador del señorito andaluz". El muerto de hambre, imitando al "señorito". Córdoba está plagada.

03

Por Terraceros 13:57 - 24.05.2013

Otros señoritos se pasan las mañanas en las terrazas criticando a los vagos que no trabajan mientras ellos no dan un palo al agua, o criticando que tienen que pagar impuestos, ellos a quienes les sobra el dinero, mientras quienes somos simples obreros o parados contribuimos con nuestra parte a que haya una sociedad mejor

02

Por Fausto 9:40 - 24.05.2013

No es justo identificar político como señorito. Usted anima a los ciudadanos para que modifiquen sus conductas cuando elijan a los representantes. Anima para que se produzca otro fenómeno populista como el de SANDOKAN

01

Por atanasio 9:06 - 24.05.2013

Acaba ud. de echar un capote para salvar la honra de señoritos andaluces y atacar a los representantes electos de la democracia. ¡Como si las autoridades de Franco no hubiesen sido mucho peores y más corruptas que los políticos democráticos que ud. critica! En primer lugar, esos políticos que desprecia son unos pocos, la mayoría no son así, a pesar de lo que pretende el populismo demagógico, algunos tienen estudios universitarios y los han sacado con esfuerzo, y otros no pero tienen la inteligencia para aportar cosas útiles. También los hay como ud. dice, pero los de esa casta se encuentran en la política y en otros ámbitos de la vida. Respecto al señorito, le digo, como andaluz de a pie, el señorito existe hoy día a 24 de mayo de 2013, y ya no va acaballo sino en todoterreno; explota a trabajadores en empresas de medio pelo y está vinculado a alguna asociación de empresarios o profesiones liberales o a algún conocido círculo social de alguna capital de provincias. El señorito es clasista, no le gusta el estado del bienestar ni lo público, le molesta la igualdad entre las personas y la diversidad cultural de España. El señorito es reaccionario por naturaleza, y amoral a pesar de actuar como cristiano católico. El señorito simpatiza con las ideas de Intereconomía y añora el régimen fascista del general Franco. Existen y muchos, por desgracia, aunque usted no logre verlos.